Capítulo 6

Recuerdos distorsionados

Reflejos que No Vuelven

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Las semanas han transcurrido desde aquel encuentro con Elías y desde que Mateo rompió el espejo que alguna vez fue testigo de sus gestos y silencios. Sin embargo, la inquietud no ha hecho más que crecer, aferrándose a su mente como una sombra insidiosa que se niega a disiparse. Ahora, no solo su reflejo y su sombra parecen tener voluntad propia; sus recuerdos también comienzan a traicionarlo.

Mateo se sienta en el borde de su cama, el libro antiguo de Elías aún abierto en su regazo, pero su atención está perdida en un recuerdo que se siente extraño, como si estuviera viendo una película con escenas desordenadas. Piensa en aquella tarde en que su madre le enseñó a andar en bicicleta, un momento que había guardado con cariño. Pero la imagen que ahora aparece en su mente muestra detalles que no encajan: el color del cielo es diferente, la posición de los árboles ha cambiado y, lo más desconcertante, él no lleva la camiseta que recuerda haber usado. Es como si ese momento hubiera sido alterado, distorsionado, y eso lo hace dudar de la solidez de sus propios recuerdos.

Con una mezcla de temor y curiosidad, Mateo decide experimentar con estos recuerdos. Se coloca frente al espejo especial que Elías le entregó y, en un intento casi desesperado por aferrarse a la realidad, pronuncia en voz alta los detalles de aquel día, describiendo cada elemento con precisión. Observa su reflejo con atención, buscando alguna respuesta, alguna señal que le confirme que sus memorias son verdaderas. Pero el reflejo solo lo mira con sus ojos que parecen saber más de lo que deberían, y tarda un segundo en replicar sus palabras, como si estuviera procesándolas antes de devolverlas al mundo real.

En las noches, cuando la oscuridad envuelve su habitación, los recuerdos se vuelven más erráticos. A veces, despierta con fragmentos de sueños que mezclan imágenes de su infancia con escenas que nunca vivió. Una voz le susurra palabras incomprensibles, y una sensación de déjà vu lo acompaña. Mateo comienza a preguntarse si su mente está jugando en su contra o si, de algún modo, el fenómeno del reflejo ha comenzado a permear en su memoria.

Para no perder la cordura, decide llevar un diario donde anota cada recuerdo que considera importante, tratando de capturar la esencia de su pasado antes de que desaparezca o se transforme en algo irreconocible. Pero incluso eso se vuelve un enigma: al releer las entradas, algunas palabras parecen cambiar, y ciertas fechas no coinciden con lo que sabe de su propia vida. Es como si el tiempo se plegara sobre sí mismo, y los recuerdos se rebelaran contra la linealidad que Mateo siempre había dado por sentada.

Un día, mientras revisa el diario, nota una anotación que no recuerda haber escrito: "El reflejo no es solo una imagen, es un eco de lo que fuimos y lo que podríamos ser". La caligrafía es la suya, pero las palabras le resultan extrañas, casi como si alguien más las hubiera dictado. Este descubrimiento lo sumerge en una mezcla de fascinación y miedo, preguntándose si su reflejo está intentando comunicarse de una forma que aún no comprende.

En un intento por entender mejor, Mateo visita la biblioteca local, buscando libros sobre psicología, memoria y fenómenos paranormales. Encuentra textos que hablan sobre la naturaleza maleable de los recuerdos y cómo la mente puede alterar hechos para protegerse o adaptarse a nuevas realidades. Sin embargo, ninguno menciona nada parecido a un reflejo que influya en la memoria, lo que lo deja con más preguntas que respuestas.

De regreso en casa, se enfrenta nuevamente al espejo especial. Esta vez, decide probar algo diferente: mientras toca suavemente la superficie del vidrio, intenta recordar un momento feliz con su padre, quien falleció cuando él era niño. Cierra los ojos y siente una mezcla de tristeza y nostalgia, pero al abrirlos, nota que su reflejo sonríe levemente, un gesto que Mateo no recuerda haber hecho en ese instante. La sonrisa se desvanece lentamente, pero el efecto en Mateo es profundo. Empieza a sospechar que su reflejo no solo copia o distorsiona sus movimientos, sino que también podría estar moldeando sus emociones y recuerdos.

Esa noche, mientras yace en su cama, el silencio de la habitación se ve roto por un susurro apenas audible. Mateo se incorpora y se acerca al espejo, que refleja la tenue luz de la luna. Por un momento, la imagen en el cristal no es la suya, sino la de un joven desconocido que lo observa con ojos llenos de secretos. El reflejo parpadea y desaparece, dejando a Mateo con una sensación de vacío y una pregunta que se instala en su mente: ¿qué es realmente lo que se esconde detrás de ese vidrio?

El misterio se profundiza, y aunque Mateo no tiene respuestas claras, sabe que esta conexión con su reflejo y sus recuerdos distorsionados es solo el comienzo de algo mucho más grande. La realidad que conocía se tambalea, y la línea entre lo que es y lo que fue se vuelve cada vez más difusa. Ahora, más que nunca, está decidido a desentrañar el enigma, aunque eso signifique perder la certeza de su propia identidad.

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