Historia Abierta
Portada de Alas de Luna y Sombras
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Capítulo 11 · ~5 min

Verdades a medias

Luna abrió los ojos antes de que sonara el timbre de los dormitorios. El sueño la había dejado agotada y con la cabeza llena de preguntas. Se vistió sin pensar, con movimientos automáticos. Al salir al pasillo, los murmullos se apagaron y sintió varias miradas esquivando la suya. En el comedor, la mayoría de los chicos se sentaba agrupada, cuchicheando. Tomó una manzana y se sentó sola en una esquina. No probó bocado.

Solo quería ver a Kaden. Caminó hacia la puerta del patio, mirando de reojo a Sienna, que charlaba en voz baja con dos chicos de la manada alfa. Nadie se acercó. Luna cruzó el umbral y el aire frío la golpeó en la cara. Se frotó los brazos y avanzó hasta la baranda de madera. El césped tenía marcas recientes de pisadas. Al fondo, un grupo jugaba al fútbol, ajenos a todo.

Kaden estaba ahí, apoyado de espaldas, con las manos en los bolsillos y la mirada fija en el suelo. Tenía el ceño fruncido, como si estuviera discutiendo consigo mismo. Cuando Luna se acercó, él ni siquiera sonrió.

—¿Dormiste? —preguntó Kaden, sin mirarla.

—Poco. —Luna se sentó en la baranda y mordió la manzana solo para no quedarse callada—. ¿Y tú?

Kaden se encogió de hombros y soltó un suspiro corto.

—Casi nada. Las cosas están tensas. Sienna no confía en nadie últimamente.

Luna apretó la manzana entre los dedos.

—¿Tú sí confías en mí?

Kaden levantó la mirada. Sus ojos parecían buscar algo en la cara de Luna.

—Confío en ti más de lo que debería —dijo en voz baja—. Pero no puedo contarte todo. No ahora.

Luna lo miró de frente. Sentía la mandíbula rígida y un calor incómodo en la cara.

—¿Por qué? ¿Tienes miedo de que haga algo estúpido? ¿O es que no quieres que sepa lo que sabes?

Kaden apretó los labios. Se pasó la mano por la nuca, incómodo.

—No se trata de eso. Si hablo demasiado, me juego el cuello. Hay reglas aquí. Sienna me advirtió.

Luna giró la manzana entre los dedos. El jugo se le pegó en la palma.

—¿Entonces qué hago? ¿Me quedo esperando a que mi hermano aparezca solo? —Su voz salió temblorosa, pero no bajó la mirada.

Kaden se acercó un paso. Habló rápido, con el tono bajo.

—No. Pero si te metes más, Ryker va a ir tras de ti. Y no quiero que termines igual que tu hermano.

El corazón de Luna le dio un vuelco. Se apartó de la baranda y le plantó cara.

—¿Así que sabes lo que le pasó? ¿Qué tiene que ver la llave con todo esto?

Kaden dudó. Miró a un lado, luego a Luna.

—No puedo contarte. Solo puedo decirte que la llave es importante para Ryker. Y para Sienna. Por eso tu hermano desapareció.

Luna sintió un nudo en la garganta. Bajó la voz.

—¿La llave es un objeto o una persona?

Kaden negó con la cabeza.

—No puedo responder eso. Si supieras, tal vez te pondrías en peligro. Y yo no quiero cargar con eso.

Luna arrugó la manzana entre los dedos y la arrojó al césped. Se frotó la frente.

—Entonces estamos igual. Tú me pides confianza, pero sigues dejando cosas fuera. ¿Cómo se supone que funcione esto?

Kaden se mordió el labio. La tensión se sentía en el aire. Finalmente, giró y se alejó un par de pasos. Luna no lo siguió. Miró el cielo, buscando calma, pero solo vio las ramas secas de los árboles.

Se fue sin mirar atrás. Caminó lento por el corredor, notando cómo los chicos evitaban cruzarse con ella. Subió las escaleras y se metió al cuarto de su hermano. Cerró la puerta con seguro. El cuarto olía a ropa guardada. Abrió el cajón principal, apartando libros y papeles hasta encontrar una hoja doblada.

En la hoja solo decía “Salvoconducto”. Luna la sostuvo entre los dedos, leyéndola una y otra vez. Parecía una contraseña, pero no sabía para qué.

Pensó en llamar a Selene, pero el miedo la detuvo. Si Kaden no se atrevía a hablar, tal vez había peligro real.

Guardó la hoja en el bolsillo y se sentó en la cama, mirando la puerta. El día avanzó lento. En clase, los profesores hablaban y Luna apenas tomaba notas. Cada tanto, Ryker la observaba desde la última fila, cruzando los brazos y con una sonrisa torcida. Sienna ni la miró. Kaden no apareció en el almuerzo.

Por la tarde, Luna salió al patio central. El sol caía oblicuo sobre el pavimento. Miró el reloj. Faltaban quince minutos para el toque de queda. Caminó bordeando el muro, repasando mentalmente cada detalle de la hoja.

Alguien se acercó por detrás. Luna se giró rápido. Era Kaden, con el cabello desordenado y la expresión tensa.

—No deberías estar sola —dijo, mirando alrededor.

—Ya me acostumbré —respondió Luna, clavando la vista en el suelo.

Kaden se acercó, bajando la voz.

—¿Hallaste algo?

Luna dudó. Sacó la hoja y se la mostró.

Kaden la leyó rápido y le devolvió el papel.

—Guárdala. No la muestres a nadie. Es importante, pero aquí no puedo decir más.

Luna guardó la hoja sin responder.

Kaden frunció el ceño y la miró un segundo, como si quisiera explicarse, pero no se animara.

—Esta noche hablamos. Pero prométeme que no vas a moverte sola —insistió, con la voz baja.

Luna no dijo nada. Se dio la vuelta y caminó hacia el edificio, sintiendo los pasos de Kaden alejarse en dirección contraria.

Subió las escaleras despacio. En el pasillo, la luz parpadeaba y nadie hablaba. Luna entró a su cuarto y se sentó en el borde de la cama, apretando la hoja entre las manos. Miró la puerta, esperando escuchar pasos de Selene o algún mensaje de Kaden. Nada.

La confianza con Kaden se había agrietado. Luna se preguntó si la alianza entre ellos resistiría un secreto más, o si ya era tarde para confiar en alguien en el Instituto Colmillo Negro.

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