Contrato de Corazones
Un CEO frío necesita casarse para heredar la empresa familiar, mientras una barista lucha por pagar el hospital de su madre. Su matrimonio de papel tiene reglas claras, pero cuando otros hombres comienzan a notar a la esposa, los celos y la verdad amenazan con romper su acuerdo.
Capítulo 1
Decisión en la Oficina
El reloj marcaba las cuatro de la tarde cuando Alejandro Herrera, CEO de Herrera Corporación, se encontraba en el despacho principal, rodeado de informes financieros y documentos legales. La sala estaba impregnada de un silencio tenso, solo roto por el suave tecleo de su secretaria y el murmullo ocasional del tráfico en la calle. La herencia de su abuelo pendía de un hilo, y para acceder a ella, Alejandro debía cumplir una condición insoslayable: casarse antes de fin de año.
En ese momento crucial, su teléfono vibró con un mensaje inesperado. Era de Sofía Méndez, la barista del café que frecuentaba cada mañana. Ella le proponía un acuerdo que podría resolver los problemas de ambos: un matrimonio de conveniencia. Sofía luchaba por pagar el tratamiento hospitalario de su madre enferma, y Alejandro necesitaba cumplir con el requisito legal para heredar la empresa familiar.
Alejandro no podía permitirse perder más tiempo. Cada minuto que pasaba significaba un paso más cerca de perder el control de la empresa que había construido con tanto esfuerzo. Decidió llamarla. La voz de Sofía, aunque nerviosa, transmitía una determinación que sorprendió al CEO. Ambos se encontraron en un café discreto para discutir los términos del acuerdo.
Sofía expuso su situación con claridad: su madre necesitaba una operación urgente y costosa, y ella no tenía los medios para cubrirla. El matrimonio de papel era una solución rápida, sin ataduras emocionales, solo un contrato con reglas estrictas. Alejandro aceptó las condiciones, imponiendo que la relación sería estrictamente profesional y que cada uno mantendría su independencia.
El acuerdo se selló con un apretón de manos, pero mientras Sofía se marchaba, Alejandro sintió una inquietud que no pudo identificar. ¿Sería posible mantener las emociones fuera de un compromiso tan íntimo como el matrimonio?
Mientras tanto, Sofía regresó a su pequeño apartamento, donde el miedo y la esperanza se mezclaban en su mente. La operación de su madre estaba programada para dentro de un mes, y el tiempo apremiaba. Cada día sin dinero era un día más cerca de una tragedia médica. El matrimonio con Alejandro era su única opción viable.
Esa misma noche, Alejandro volvió a su despacho y revisó los números una vez más. La presión de la empresa y la familia se sentía como un peso insoportable en sus hombros. Sin embargo, una parte de él cuestionaba si estaba tomando la decisión correcta. ¿Podría realmente desvincular sus sentimientos de una mujer que, aunque desconocida, ahora era su esposa en papeles?
La verdad era que ambos estaban atrapados en una red de necesidades y obligaciones que los obligaba a unir sus destinos. Pero la pregunta que quedaba flotando en el aire era inquietante: ¿cómo manejarían las crecientes miradas y la posible interferencia externa cuando otros hombres comenzaran a notar a Sofía?
Alejandro se encontraba en su oficina, mirando fijamente el contrato que acababan de firmar. La formalidad del documento contrastaba con la turbulencia interna que sentía. Sabía que debía mantener la distancia, que cualquier emoción era un riesgo innecesario. Sin embargo, cada vez que pensaba en Sofía, algo en su interior se rebelaba contra la frialdad que intentaba imponer.
Por su parte, Sofía no podía evitar sentir una mezcla de alivio y ansiedad. La operación de su madre era la prioridad, pero el hecho de estar casada, aunque fuera de manera legal y sin amor, la hacía sentir vulnerable. Sabía que el trato con Alejandro era una tabla de salvación, pero también una cadena que podría atarla a un futuro incierto.
Los días siguientes transcurrieron con una rutina tensa. Las reglas eran claras: no interferir en la vida del otro, mantener la relación en términos estrictamente comerciales. Pero en ocasiones, el destino parecía jugar en su contra. En una reunión, Alejandro notó la mirada insistente de un socio hacia Sofía, y una punzada inesperada de celos lo invadió.
Sofía, por su parte, enfrentaba la llegada de un viejo conocido, un pretendiente que había intentado conquistarla antes de que todo cambiara. Su presencia inesperada complicaba las cosas, y la barista se encontró cuestionando si realmente podría mantener la fachada sin que sus emociones se desbordaran.
La presión aumentaba. Alejandro recibió una llamada de su madre, recordándole que el matrimonio era la única forma de asegurar la herencia y la continuidad de la empresa. La familia no aceptaría excusas ni retrasos. Sofía escuchó del médico que la operación podría adelantarse si encontraban los fondos, acentuando la urgencia.
Ambos se dieron cuenta de que el tiempo no estaba de su lado. En una conversación inevitable, decidieron revisar las reglas del acuerdo, conscientes de que la tensión entre ellos crecía y que las emociones comenzaban a infiltrarse en su trato.
Sin embargo, había algo que Alejandro no le había confesado a Sofía: un secreto en su pasado que podría cambiarlo todo, un detalle que explicaba su frialdad y su necesidad de control. ¿Sería capaz de compartirlo, o lo guardaría en silencio, poniendo en riesgo lo que recién comenzaban a construir?
La pregunta quedó suspendida en el aire mientras ambos contemplaban el futuro incierto de su unión: ¿podrían realmente mantener sus emociones al margen, o el matrimonio de conveniencia se transformaría en algo más profundo y complicado de lo que imaginaron?
¿Qué te pareció este capítulo?
Opcional. No hace falta para seguir leyendo.
Inicia sesión para calificar