Capítulo 12 · ~6 min
Revelaciones peligrosas
Luna entró al viejo almacén detrás de la biblioteca, con el corazón golpeándole el pecho. Selene la esperaba sentada sobre una caja, con la capucha puesta y la mirada inquieta. Apenas vio a Luna, se levantó de un salto.
—No podías elegir un lugar más raro, ¿verdad? —dijo Luna, intentando sonar tranquila, aunque le temblaban las manos.
—Acá nadie nos escucha —respondió Selene, bajando la voz—. Ni siquiera los de la manada alfa se atreven a entrar mucho.
Luna cerró la puerta y echó el seguro. El aire olía a polvo y madera vieja. Se acercó rápido a Selene, sin perderla de vista ni un segundo.
—¿Qué averiguaste? —preguntó Luna, directa.
Selene sacó un papel doblado del bolsillo de su chamarra. Se lo entregó a Luna con gesto serio.
—Lo encontré en los archivos de la dirección. Estaba con unas carpetas del año pasado. Es una lista de alumnos transferidos... pero tu hermano no figura en ninguna parte. Oficialmente, nunca salió del instituto.
Luna apretó el papel entre los dedos. El nombre de su hermano no estaba. Ni un rastro, ni una nota de traslado, nada.
—Eso no tiene sentido —susurró—. Mi mamá recibió una llamada diciendo que lo habían expulsado.
Selene negó con la cabeza, furiosa.
—Alguien está mintiendo. Y no es la primera vez que pasa con los que desaparecen aquí.
Luna empezó a caminar de un lado al otro, apretando los dientes. Pensaba en la hoja con la palabra "Salvoconducto" y la advertencia de Kaden. Sintió que el piso se movía bajo sus pies.
—¿Y la llave? ¿Alguna pista más? —preguntó Luna, deteniéndose frente a Selene.
Selene bajó la voz aún más.
—Anoche escuché a Sienna y Ryker pelear en la sala de profesores. Sienna le gritaba que la llave nunca debía caer en manos de un humano. Ryker dijo que ya había un traidor entre ellos y que la llave estaba más cerca de lo que creían.
Luna tragó saliva. Un traidor. La palabra le quemaba en la cabeza.
—¿Crees que hablaban de mí? —La voz de Luna sonó más pequeña de lo que quería.
Selene la miró serio.
—No lo sé, pero Sienna está paranoica. Y Ryker... él sólo quiere el poder. Si la llave es lo que yo pienso, puede abrir algo que todos temen. Algo que tiene que ver con el sótano prohibido.
Un golpe seco en la puerta las hizo saltar. Ambas se quedaron en silencio, conteniendo la respiración. Nadie entró, pero Luna fue a asomarse por la rendija. No vio a nadie, sólo el pasillo vacío y una sombra que se deslizaba rápidamente hacia las escaleras.
—No estamos solas —susurró Luna.
Selene la apuró con un gesto.
—Tenemos que movernos. Si se enteran que tienes esa hoja, te van a buscar.
Luna guardó el papel de los archivos junto a la hoja que había encontrado en el cuarto de su hermano. Sentía que las piezas del rompecabezas estaban cerca de encajar, pero faltaba algo. Algo grande.
Mientras salían del almacén, Luna no pudo evitar mirar de reojo. Todo el tiempo sentía ojos en la nuca. Bajaron las escaleras hacia el patio trasero, buscando pasar desapercibidas. Al cruzar el jardín, Selene apretó el brazo de Luna.
—Mira —le señaló discretamente.
Kaden estaba al otro lado del patio, hablando con Sienna. Los dos discutían en voz baja, con cara de pocos amigos. Ryker los observaba desde la sombra de un árbol, sonriendo como si ya supiera el final de la historia.
—No confío en ninguno —murmuró Selene—. El traidor puede ser cualquiera.
Luna sintió un escalofrío. No quería pensar que Kaden la pudiera traicionar, pero la duda se coló como un veneno. Todo el mundo guardaba secretos en ese instituto.
Selene volvió a mirar a Luna, esta vez más seria.
—Tienes que decidir en quién confiar. Si nos equivocamos, alguien va a salir lastimado. O peor.
Antes de que Luna pudiera responderle, una voz chillona la hizo girar.
—¿Qué hacen aquí? —Era Nia, una chica bajita de segundo año, famosa por meterse donde nadie la invita.
Selene reaccionó rápido.
—Nada que te importe, Nia. Mejor vete o llamo a Sienna para que te ponga a limpiar baños.
Nia hizo una mueca y se alejó corriendo. Luna soltó el aire que no sabía que contenía.
—Eso estuvo cerca —susurró.
Selene no sonrió. Sus ojos iban del patio a las ventanas, inquieta.
—No podemos quedarnos. Tengo algo más —dijo en voz baja—. Anoche, después de escuchar a Sienna y Ryker, vi a alguien salir del despacho de la directora. Llevaba una mochila negra, pero no pude ver la cara. Parecía que escondía algo. Si el traidor robó información, puede que ya no tengamos mucho tiempo.
Luna sintió que la cabeza le daba vueltas. Todo se complicaba cada vez más. La llave, su hermano, el papel... y ahora un traidor suelto.
—¿Piensas que podría ser Kaden? —preguntó, casi sin querer escuchar la respuesta.
Selene dudó un segundo.
—No lo sé. Pero hay alguien jugando para los dos bandos y pronto se va a descubrir solo.
Luna miró hacia el edificio principal. Las ventanas reflejaban el cielo, pero ella sólo veía amenazas.
—Necesito entrar al sótano —dijo de golpe—. Si la llave abre algo ahí, puede que encuentre pistas de verdad.
Selene la tomó del brazo, firme.
—No vayas sola. Si caes en una trampa, nadie podrá ayudarte. Espera a que anochezca y yo te cubro.
Luna asintió, pero por dentro no estaba segura de poder esperar. Cada minuto sentía que el peligro se acercaba más.
Al separarse, Luna pensó en la palabra traidor y en todas las miradas sospechosas que la seguían por los pasillos. Se detuvo junto a una columna y revisó de nuevo el papel de su hermano. Había una mancha de tinta azul en la esquina, algo que antes no había notado. Una letra apenas visible: una "R" marcada a mano.
La cabeza de Luna se llenó de preguntas. ¿Quién la estaba traicionando? ¿Era Ryker, Sienna, Kaden... o alguien más?
Sabía que debía moverse rápido, pero ahora dudaba de todos. El peligro no venía solo de afuera. El mayor enemigo podía estar justo al lado.