Historia Abierta
Portada de Alas de Luna y Sombras
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Capítulo 19 · ~6 min

La verdad al descubierto

Luna empujó la puerta del despacho de Sienna con el hombro, sin esperar invitación. Los nudillos le dolían de tanto apretar la carpeta. La luz entraba cortada por la persiana, marcando líneas en el piso. Sienna estaba junto al escritorio, los brazos cruzados, la mandíbula tensa. Kaden ya la esperaba, apoyado contra la pared, con expresión seria.

—¿Ahora qué quieres? —soltó Sienna, sin moverse del sitio—. No tengo tiempo para tonterías.

Luna dejó la carpeta sobre el escritorio. El cartón estaba arrugado y tenía manchas de tinta en la esquina.

—No vine a perder tu tiempo. Aquí está todo lo que encontramos anoche. —La voz le salió firme—. Ya es hora de que lo enfrentes: Ryker estuvo detrás de la desaparición de mi hermano.

Sienna miró la carpeta con recelo. Solo la tocó con la punta de los dedos. Kaden se acercó y empujó suavemente los papeles hacia ella.

—Revísalo —dijo, con voz baja—. Léelo tú misma.

Sienna hojeó rápido los documentos. Sus ojos iban de un mensaje a otro, sin levantar la vista. Los labios le temblaron. Luna no la reconocía: tenía el mentón bajo y la espalda encorvada, muy diferente a la líder de siempre.

—¿De dónde sacaron esto? —preguntó Sienna, bajando la voz casi hasta un susurro.

—Selene nos ayudó —contestó Luna, sin rodeos—. Tienen huellas de Ryker por todos lados. Ya nadie puede tapar lo que pasó.

Kaden se acercó más. Sus palabras salieron despacio.

—Si sigues cubriéndolo, Sienna, esto va a terminar peor para todos.

Sienna apretó los papeles con los dedos, arrugando una hoja. Bajó los hombros.

—¿Y qué esperan que haga? ¿Que finja que nada pasó? ¿Que deje que la manada se desmorone en mi cara?

Luna se plantó frente a ella, la miró a los ojos.

—La manada ya se rompió. No puedes seguir actuando como si todo estuviera bien. Si quieres que algo cambie, empieza por decir la verdad.

Sienna soltó un suspiro y se dejó caer en la silla. Se tapó la cara con una mano, los codos sobre el escritorio. Kaden le lanzó a Luna una mirada de apoyo.

—No es tan simple —murmuró Sienna—. Yo confié en Ryker. Le di poder, lo defendí… No pensé que llegaría tan lejos.

—Nadie te culpa por eso —dijo Kaden—. Pero sí por no reaccionar antes.

Sienna dejó la carpeta sobre el escritorio. Levantó la mirada, desafiante.

—¿Qué proponen entonces? ¿Que todos se enteren y el caos siga?

Luna negó con la cabeza.

—Quiero que nadie más desaparezca. Si cuentas la verdad, los demás podrán elegir. Nadie debería obedecer a ciegas.

La tensión se quedó flotando. Sienna apretó los labios, luego asintió apenas visible. Se levantó despacio y se acomodó el cabello. Miró a ambos, resignada.

—Llama a todos al salón común. Se va a saber hoy. Pero te advierto, Luna: si escondes algo más, te vas del instituto.

Luna sostuvo la mirada. No iba a retroceder.

Salieron juntos al pasillo. Kaden caminaba al lado de Luna, Sienna detrás. El eco de pasos subía desde los pisos superiores. Luna sentía que todos los ojos la seguían, pero no bajó la cabeza. Llegaron al salón común, donde varios chicos ya se reunían. Algunos tenían vendas en los brazos, otros cuchicheaban en pequeños grupos.

Sienna subió a una silla y golpeó la mesa con la carpeta.

—Silencio. Esto no es opcional. Lo que Ryker hizo y lo que pasó con el hermano de Luna va a saberse ahora.

El murmullo creció. Luna se quedó parada junto a Kaden. Selene apareció entre la gente y le rozó el brazo, sin decir palabra.

—Aquí están las pruebas —anunció Sienna, alzando la carpeta—. Ya no voy a encubrir lo que ocurrió. Este instituto necesita sanar, y eso empieza con la verdad.

Un chico flaco, con un vendaje en la frente, se adelantó.

—¿Y qué sigue? ¿Nos vas a echar a los que dudamos de ti?

Sienna bajó de la silla y lo encaró.

—Cada uno decidirá si se queda o no. No pienso tolerar otra traición. ¿Dudas?

Selene habló desde el otro extremo.

—Si seguimos tapando las cosas, siempre habrá alguien como Ryker.

Una chica de cabello corto cruzó los brazos.

—¿Y Luna? ¿Por qué confiar en una humana?

Luna caminó hasta el centro. Su voz no tembló.

—No estoy aquí solo por mi hermano. Vine porque este lugar era mi última opción. Si quieren que cambie, tienen que confiar en alguien diferente.

Por unos segundos nadie habló. Luego, el chico vendado asintió. Otra chica lo imitó. Las miradas empezaron a cambiar, buscando respuestas en lugar de pelear.

Sienna se acercó a Luna y le tendió la mano. Dudó, pero Luna la aceptó. Apretaron fuerte. Kaden, detrás, relajó los hombros.

—Esto recién empieza —advirtió Sienna—. Hay que reconstruir desde cero. Pero lo haremos juntos, si quieren.

Kaden se inclinó hacia Luna.

—Por lo menos ya nadie puede decir que no lo intentamos.

Luna sonrió, chiquito. El salón se fue vaciando. Sienna se sentó, mirando los papeles. Selene la tocó en el hombro. Nadie dijo nada; el silencio era distinto, parecido a descanso.

Luna salió al patio con Kaden. El pasto estaba húmedo, el sol bajando. Sienna quedó en la puerta, atenta. Luna miró a Kaden, buscando algo más que consuelo.

—¿Tú crees que esto puede arreglarse? —preguntó.

Kaden metió las manos en los bolsillos. Su media sonrisa no ocultaba la duda.

—No lo sé, Luna. Pero si dejamos de pelear, tal vez tengamos una oportunidad.

Luna bajó la vista. El aire olía a tierra mojada. Caminó junto a él, sin soltarle la mano. Sentía miedo, pero también ganas de intentarlo.

Se detuvieron al borde del patio. Luna miró el edificio, donde Sienna seguía vigilando. El instituto, con sus cicatrices, parecía más real que nunca.

—¿Crees que podamos sanar? —susurró Luna.

Kaden soltó una risa breve y negó.

—Quizá no hoy. Pero si nadie lo intenta, seguro que no pasa nunca.

Luna se quedó mirando el horizonte. Las heridas seguían abiertas, pero ahora tenían el valor de enfrentar lo que venía. La pregunta seguía ahí, firme: ¿Podrán sanar las heridas pasadas?

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