Capítulo 16 · ~6 min
La noche más oscura
Luna apretó la hoja doblada contra el muslo y avanzó por el pasillo, alerta a cualquier ruido. Kaden iba detrás, con la respiración corta y la mirada clavada en las sombras que se movían cerca de las paredes. Cada paso los alejaba más del sótano, pero el peligro parecía crecer a su alrededor. Un golpe seco de una puerta la obligó a frenar y contener el aliento.
—Sigue caminando —susurró Kaden, apenas moviendo los labios—. No dejes que te vean dudar.
No alcanzaron a dar dos pasos más cuando la puerta principal se abrió de golpe. Sienna apareció al fondo, la postura rígida y el ceño fruncido, flanqueada por un chico de la manada alfa, fornido y de brazos cruzados. Bloqueaban la salida.
—Otra vez tú, Luna —dijo Sienna, sin apartar los ojos de ella—. ¿No quedó claro que el sótano está prohibido?
Kaden se adelantó, firme, y se colocó entre Luna y Sienna.
—Yo la llevé —respondió Kaden—. Si tienes un problema, es conmigo.
Sienna no parpadeó. El chico de la manada se movió para tapar el pasillo por detrás, dejándolos atrapados. Luna miró a Kaden, buscando apoyo, pero él solo apretó la mandíbula, tenso.
—Tengo pruebas —soltó Luna, la voz más fuerte de lo que esperaba—. Mi hermano no se escapó solo. Alguien de la gente de Ryker lo ayudó. No entiendo por qué sigues ocultando todo esto.
Sienna soltó una risa breve, seca.
—¿Vas a decirme cómo liderar? —dio un paso hacia Luna, bajando la voz—. Esto no es un juego. Por tu culpa, todo está a punto de romperse.
—No vine a buscar problemas —dijo Luna, mirando de frente—. Solo quiero la verdad. Y tú sabes más de lo que dices.
Sienna cerró los ojos un segundo y negó con la cabeza.
—La verdad puede destruir mucho más de lo que imaginas. Si sigues, nadie querrá estar contigo cuando todo explote.
Un estruendo en la puerta cortó la conversación. Ryker entró con dos seguidores, ambos con expresión dura y los puños apretados. Ryker sonrió, ladeando la cabeza.
—Vaya, qué reunión interesante —se burló—. Se acabó el tiempo, Luna. Dame la hoja o atente a las consecuencias.
Kaden se colocó delante de Luna, bloqueando el paso.
—Aléjate de ella —advirtió—. No vas a tocarla.
Ryker levantó las manos, fingiendo calma. Sus dos amigos cerraron el paso hacia las escaleras. El pasillo se sentía más pequeño.
—Ya no tienes a nadie, Kaden. La manada alfa quedó sola. Entréganos la hoja y termino esto aquí.
Sienna giró hacia Ryker, la voz como un cuchillo.
—Si alguien le hace daño a Luna, todos sabrán lo que hiciste con su hermano.
Ryker le lanzó una mirada de desprecio.
—¿Y qué vas a hacer? ¿Contar que una humana te rebasó? No tienes idea de lo que soportarías si hablas de más.
El chico de la manada alfa que seguía a Sienna se mantuvo inmóvil, sin intervenir. Luna tragó saliva. Nadie parecía dispuesto a ceder.
—Tócala y todo sale a la luz —dijo Kaden, los hombros tensos—. No me importa lo que cueste.
Ryker dio un paso al frente y, de pronto, empujó a Kaden. Ambos cayeron al suelo, forcejeando. Los golpes retumbaron en el pasillo. Sienna intentó ayudar, pero uno de los seguidores de Ryker la apartó de un empujón, haciéndola chocar contra la pared.
Luna retrocedió hasta sentir la puerta fría en la espalda. El chico de la manada la miraba, pero no se movió. Ryker logró soltarse de Kaden, giró y tomó a Luna de la muñeca con fuerza. El dolor fue inmediato y ella soltó un gemido corto.
—Dámela —ordenó Ryker—. No quiero repetirlo.
Kaden trató de levantarse, pero Ryker era más rápido. Sienna seguía bloqueada por el otro chico; su respiración se escuchaba agitada.
Luna apretó la hoja en la mano y negó con la cabeza, los ojos bien abiertos. El miedo la paralizaba, pero no soltó nada.
—¡Suéltala! —gritó Kaden, lanzándose de nuevo contra Ryker.
El forcejeo hizo que la hoja se cayera al piso y quedara junto al pie de Sienna. Todos se detuvieron un segundo. Sienna la tomó, guardando la hoja en el bolsillo de su chaqueta. Su rostro estaba rígido.
—Esto termina aquí —dijo Sienna, la voz ronca—. No más juegos. No más secretos.
Ryker soltó a Luna y la empujó contra la pared. Kaden logró ponerse de pie, con el labio sangrando y la camiseta rota, y fue directo hacia Luna.
—¿Te hizo daño? —preguntó con voz baja, tocándole el hombro.
Luna asintió apenas. Miró sus manos abiertas, temblorosas. No se atrevió a ver a Sienna.
Sienna guardó la hoja, miró a Luna con el rostro duro y habló sin levantar la voz.
—No te acerques más a mi manada. Si vuelves a meter la nariz, no te voy a defender.
Luna bajó la cabeza. El golpe de esas palabras dolía más que el de Ryker. Los seguidores de Ryker salieron tras él, sin mirar atrás. Sienna se fue por el otro extremo, sin darle la espalda a Ryker hasta el último segundo.
El pasillo quedó en silencio. Kaden se quedó junto a Luna, respirando agitado. Ella se apoyó en la pared, sin saber qué hacer con las manos.
—No te rindas —susurró Kaden, con voz suave—. No dejes que te ganen.
Luna no contestó. Cerró los ojos unos segundos, sintiendo el ardor en la muñeca. Escuchó el eco de la amenaza de Ryker y la advertencia de Sienna.
Kaden la ayudó a caminar hacia las escaleras. Bajaron despacio. Luna sentía la cabeza pesada y el cuerpo cansado. Nadie los detuvo.
En el dormitorio, Kaden la sentó en la cama y se quedó de pie, sin saber si irse o quedarse.
—Vamos a buscar otra salida —dijo él finalmente—. No estás sola.
Luna se tumbó de lado, dándole la espalda a la puerta. El colchón le pareció frío. Pensó en su hermano, en la hoja perdida y en la traición de Sienna. Solo quedaba una pregunta: ¿cómo iba a levantarse después de esto? ¿De verdad podría seguir adelante?