Capítulo 17 · ~7 min
Renacer entre sombras
Luna despertó sobresaltada, con el brazo adolorido y la garganta reseca. Apenas abrió los ojos, miró hacia la silla junto a la cama. La chaqueta de Kaden seguía ahí, doblada de cualquier manera. Por un segundo, se obligó a sonreír. Se sentó despacio, tocando el moretón que Ryker le había dejado la noche anterior. La habitación estaba en silencio; el aire olía a encierro y a promesas rotas.
Se puso la chaqueta y se asomó a la ventana. El patio del instituto parecía vacío, pero Luna notó dos sombras cruzando el césped, moviéndose rápido y en silencio. Bajó la vista, sintiendo el estómago revuelto. No podía quedarse ahí esperando. Se calzó los tenis y abrió la puerta.
Kaden estaba apoyado en la pared del pasillo, con la cabeza inclinada y el cabello tapándole los ojos. Al verla, levantó la vista y le hizo un gesto con la mano.
—Al fin. Pensé que te ibas a quedar dormida todo el día —dijo, con una sonrisa cansada.
—No dormí mucho. Más bien fingí que podía descansar —respondió Luna, cerrando la puerta tras ella.
Kaden la miró de arriba abajo.
—¿Te duele el brazo?
Luna asintió y bajó la manga para taparse el moretón.
—Parece que Ryker colecciona enemigos. ¿Tú cómo vas?
—He tenido días peores. ¿Tienes hambre?
Luna negó con la cabeza. Se apoyó junto a él, cruzando los brazos.
—Perdimos la hoja más importante. Ahora Sienna tiene la ventaja, pero también el miedo.
Kaden la observó serio.
—Sienna no está tan segura como crees. Cuando le quitó la hoja a Ryker, vi que temblaba. Ella sabe que Ryker no se va a detener hasta tener todo el control.
Antes de que Luna pudiera responder, escucharon pasos acelerados. Selene apareció por el extremo del pasillo, con la mochila colgando de un solo hombro y el cabello recogido de mala gana.
—No hay tiempo —dijo Selene apenas llegó. Miraba hacia atrás, como si esperara que alguien la siguiera—. Ryker planea atacar la casa de los alfa esta noche. Sienna desconfía de todos. Si no hacemos algo, se va a quedar sola y la manada se rompe.
Kaden se separó de la pared. Frunció el ceño y cruzó los brazos.
—¿Cuál es el plan? ¿Entramos, gritamos y esperamos que nos crean?
Selene rebuscó en su mochila y sacó un manojo de hojas dobladas.
—Esto lo saqué anoche del sótano. Es una copia del registro que encontramos. Aquí hay nombres, fechas y pruebas de que Ryker estuvo involucrado en la desaparición de tu hermano, Luna. Si exponemos esto frente a todos, Ryker no podrá negarlo.
Luna tomó las hojas. Sus dedos temblaron al reconocer la letra de su hermano. Pasó la vista por la lista de nombres, todos conocidos del instituto. Al final, una enorme R en tinta negra. Luna se mordió el labio.
—¿Por qué me das esto? —preguntó a Selene, sin apartar la mirada.
Selene soltó aire por la nariz. Sus ojos se endurecieron.
—Porque Ryker destruyó a mi familia hace dos años. No voy a dejar que lo haga otra vez, ni contigo ni con nadie más. Si tú caes, todos caemos.
Kaden la miró de reojo, sorprendido.
—No confío en Sienna, pero tampoco quiero que Ryker tome el control. Hay que unir fuerzas —dijo, mirando a Luna.
—Entonces vamos —respondió Luna, guardando las hojas dentro de la chaqueta. Miró a sus dos aliados—. Pero si Sienna no quiere escuchar, esto se acaba antes de empezar.
Avanzaron juntos por el pasillo. Los pocos estudiantes que quedaban los miraban desde las puertas entreabiertas. Algunos susurraban. Nadie se acercó. Luna sentía las miradas clavadas en la espalda, pero no se detuvo. Subieron las escaleras y cruzaron el corredor hasta la oficina de Sienna.
La puerta estaba cerrada. Luna levantó la mano y dudó. Kaden la animó con un leve empujón.
—Hazlo rápido —susurró.
Luna tocó dos veces. Sienna respondió de inmediato, con la voz tensa.
—¿Qué quieren?
—Tenemos que hablar. Es urgente —dijo Luna, firme.
La puerta se abrió. Sienna los miró desde el umbral; tenía los párpados hinchados y el cabello recogido en un moño apretado. Hizo un gesto para que entraran. Dentro, la oficina era un desastre: papeles por el suelo, carpetas abiertas y una taza de café a medio terminar.
Sienna se sentó tras el escritorio, sin invitarlos a tomar asiento.
—Hablen. No tengo todo el día.
Selene fue al grano.
—Encontramos pruebas contra Ryker. Si no actuamos juntos, él va a destruir la manada y a todos los que le estorban.
Luna puso las hojas sobre el escritorio. Sienna las tomó y empezó a leer, rápido al principio, luego más lento. Sus labios se apretaron al ver los nombres y la R al final. Dejó las hojas sobre la mesa, sin levantar la vista.
—¿Qué esperan? ¿Que exponga a Ryker y lo derrote sola? Tiene a la mitad del instituto siguiéndolo —dijo, con voz baja.
Kaden habló en tono serio.
—No tienes que hacerlo sola. Luna y Selene pueden mostrar esto en la asamblea. Si todos lo ven, Ryker no podrá callarnos.
Sienna se frotó las sienes. Cerró los ojos un segundo. Cuando los abrió, parecía más cansada, pero decidida.
—Si esto sale mal, Ryker va a buscar venganza. No solo contra mí. ¿Están listos para lo que venga?
Luna miró a Kaden y luego a Selene. Nadie respondió, pero el silencio bastó. Sienna se levantó y apoyó ambas manos en el escritorio.
—Esta noche, en la asamblea. Yo distraigo a Ryker. Ustedes muestran las pruebas. Si alguien duda, lo resolveremos ahí mismo. Pero si fallan, no podré protegerlos más.
Selene asintió y guardó las hojas en su mochila, dejando solo la copia más importante en el escritorio de Sienna.
—No vamos a fallar —dijo Selene, con la voz firme. Kaden la miró, aprobando en silencio.
Luna no quitó la vista de Sienna hasta que la líder se sentó de nuevo, hundida en la silla.
Salieron de la oficina. El pasillo estaba vacío, pero se escuchaban gritos lejanos y portazos. Luna sintió el pulso acelerado. Kaden le tomó la mano.
—Oye —dijo en voz baja—. Cuando esto termine, ¿qué vas a hacer?
Luna lo miró, sorprendida por la pregunta. Dudó un segundo antes de responder.
—No lo sé. Pero si encuentro a mi hermano, todo valdrá la pena.
Kaden apretó su mano. Selene caminaba delante, lanzando miradas por encima del hombro.
Bajaron las escaleras y salieron al patio trasero. El aire estaba frío y olía a humedad. Luna sacó la hoja de la chaqueta y la observó bajo la luz tenue. La letra de su hermano parecía temblorosa. Se prometió no soltarla hasta el final.
Selene se detuvo junto a la puerta que daba al gimnasio.
—Esta noche, nadie va a dormir. Si Ryker sospecha algo, va a atacar antes de la asamblea. Tenemos que mantenernos juntos. Si nos separamos, estamos perdidos.
Kaden miró a Luna, serio.
—¿Estás lista para enfrentarlo?
Luna asintió, aunque sentía las piernas flojas.
—Nunca quise pelear, pero no me dejan otra opción.
Selene sonrió apenas, con la mandíbula apretada.
—No te preocupes, Luna. Esta vez, Ryker no va a ganar tan fácil.
El reloj del pasillo marcó las seis. Quedaban pocas horas para la asamblea. El cielo se oscurecía tras los ventanales, y el rumor de pasos nerviosos llenaba los pasillos.
Kaden se acercó a Luna. Le acomodó la chaqueta en los hombros y le rozó la mejilla con la mano.
—Pase lo que pase, no te suelto —murmuró.
Luna le sonrió, por fin segura de tener a alguien de su lado.
Avanzaron juntos, esquivando miradas y puertas cerradas. Cada paso los acercaba al enfrentamiento final. ¿Estarían listos para lo que vendría?