Capítulo 14 · ~4 min
Conflictos externos
A Javier le temblaban las manos mientras revisaba una vez más los papeles en la mesa del café. Había citado a Andrés porque no podía dejar pasar más tiempo. El reloj marcaba las diez y media. El local estaba casi vacío, salvo por una pareja en la esquina y un mesero aburrido en la barra.
Andrés llegó con paso rápido y el ceño fruncido. Llevaba la misma chaqueta de siempre, pero parecía más cansado que de costumbre. Se sentó frente a Javier sin saludar.
—¿Qué pasa ahora? —preguntó Andrés, directo, sin rodeos.
Javier apoyó los papeles entre ellos y soltó el aire.—Es sobre la deuda. No solo es el banco, Andrés. Hay otros temas legales pendientes. Me llegó esto hoy en la oficina. No entiendo por qué no te avisaron antes, pero aquí está.
Andrés tomó la carpeta y la abrió con manos inseguras. Sus ojos se movían rápido por los párrafos. Javier vio cómo apretaba los dientes.
—¿De dónde salió esto? Lucía y yo ya hablamos con el banco. Se supone que solo faltaba negociar los pagos.
—Sí, pero esto es distinto. Mira —Javier señaló una hoja—. Hay una demanda por incumplimiento de contrato con un proveedor que nunca se resolvió. El abogado del local nunca presentó la documentación correcta. Si no arreglan esto, pueden embargar el local y congelar las cuentas. No es una amenaza, es un aviso formal.
Andrés se quedó en silencio. Cerró la carpeta y se llevó las manos al rostro. Parecía más viejo de golpe. Javier no dijo nada, solo esperó. Sabía que su amigo necesitaba digerir la noticia.
Después de unos segundos, Andrés bajó las manos y miró a Javier con una mezcla de frustración y miedo.—¿Y ahora qué hacemos?
Javier dudó antes de responder.—Hay opciones, pero todas son complicadas. Podemos apelar, buscar un acuerdo fuera de tribunales o pagar la deuda de inmediato. Pero eso significa juntar el dinero ya, o perderlo todo. Y no solo tú, también Lucía.
Andrés dejó caer la cabeza sobre la mesa. Golpeó suavemente el borde con los nudillos.—No puedo pedirle más a Lucía. Ya está al límite.
Javier se encogió de hombros.—Tampoco puedes ocultárselo. Si esto sale mal, la arrastras contigo. Los dos están en la cuerda floja.
Por un momento, solo se escuchó el zumbido del aire acondicionado y el murmullo de la pareja en la otra mesa. Javier miró a Andrés, que parecía a punto de rendirse. No era el tipo de persona que se quebraba fácil, pero las últimas semanas lo habían desgastado.
—¿Tienes alguna idea? —Andrés levantó la vista, buscando una salida.
—Puedo hablar con un colega para ver si se puede retrasar la demanda. Eso nos daría tiempo para negociar. Pero tienes que decidirte, Andrés. No puedes seguir esperando a que todo se arregle solo. Si de verdad quieres salvar el local —y lo que queda con Lucía—, tienes que actuar ya.
Andrés asintió en silencio. Metió los papeles en su mochila y se quedó mirando la taza de café vacía. Javier supo que su amigo estaba al borde, pero aún no listo para rendirse.
El mesero se acercó y preguntó si querían algo más. Javier negó con la cabeza y Andrés ni lo miró. Cuando el mesero se alejó, Javier bajó la voz.
—Hay otra cosa. Marta me llamó. Quiso saber si ya aceptaste su ayuda. Le dije que no sabía nada, pero ten cuidado, Andrés. Ella busca soluciones fáciles, pero a veces salen más caras.
Andrés frunció el ceño.—No pienso aceptar nada de Marta. Esto lo arreglo yo.
Javier levantó las cejas.—Eso espero. Pero piensa bien cada movimiento, porque cualquier error puede costarles todo.
Andrés se puso de pie, apretando los labios.—Voy a hablar con Lucía. No puedo seguir ocultando nada. Si vamos a perderlo todo, prefiero que lo sepamos juntos.
Javier se levantó también y le puso una mano en el hombro.—No estás solo. Si necesitas algo, dime. Pero no dejes que el orgullo te nuble. Esta vez, tienes que ser honesto con Lucía, pase lo que pase.
Andrés asintió y salió del café sin mirar atrás. Javier lo siguió con la vista hasta que la puerta se cerró. Entonces suspiró y recogió sus cosas. Sabía que la situación era crítica y que, si Andrés no cambiaba su forma de actuar, ni el local ni su relación con Lucía sobrevivirían.
Al salir a la calle, Javier sintió la presión en el pecho. Pensó en llamar a Lucía, advertirle lo que venía, pero se contuvo. Era una decisión de ellos, y él ya había hecho su parte. Ahora solo quedaba esperar y confiar en que Andrés eligiera bien.
Mientras se alejaba del café, la pregunta lo rondaba: ¿Podrían Andrés y Lucía superar estos obstáculos externos, o la presión los terminaría separando para siempre?