Historia Abierta
Portada de Entre Rivales y Deseos
  • 20 capítulos
  • 7.345 lecturas
  • Completada

+18

21

~5 min de lectura

Capítulo 13 · ~5 min

El rumor que hiere

Marcos llegó temprano a la oficina, pero ya había movimiento en el pasillo. Escuchó risas bajas y palabras que se cortaban cuando alguien pasaba. Se acercó a su escritorio, sintiendo esa incomodidad en el aire. Al dejar su mochila, notó a Sofía hablando con otra compañera en la esquina. La miró de reojo, esperando que no hubiera problemas, pero algo en su expresión lo puso en guardia.

El café le supo raro. Daba sorbos distraídos mientras revisaba el correo, aunque en realidad no leía nada. Por fin, Sofía se le acercó, con su andar tranquilo pero la mirada seria.

—Marcos, ¿tienes un minuto? —preguntó, bajando la voz.

—Claro, dime —respondió, dejando la taza a un lado.

Sofía se sentó frente a él. Parecía buscar las palabras.

—Hoy en la mañana escuché algo medio feo… Unos de Finanzas están diciendo que Laura está filtrando información del proyecto para quedar bien con Gerencia. Dicen que tú no te has dado cuenta.

Por un momento, Marcos sintió como si le hubieran dado un golpe en el estómago. Miró a Sofía, buscando en su cara alguna señal de que exageraba.

—¿Quién lo dijo? —preguntó, tratando de sonar tranquilo.

—No sé los nombres. Fue en la cocina, pero se escuchaba fuerte. Mira, yo sé cómo es Laura. No creo ni por un segundo que haga eso, pero… pensé que debías saberlo.

Marcos asintió, más por reflejo que por convicción. De pronto, el informe frente a él parecía un montón de letras sin sentido. Sofía apretó los labios y se levantó.

—No hagas nada impulsivo, ¿va? Solo habla con ella —sugirió, tocándole el hombro antes de irse.

Marcos se quedó quieto. Quiso convencerse de que era una tontería, pero la duda ya estaba ahí. Cerró la laptop de golpe y salió al pasillo. Necesitaba aire. Caminó hasta la sala de reuniones vacía y se apoyó en la pared, respirando hondo. Laura no haría algo así. O sí. No, seguro que no. Pero… ¿y si sí?

Volvió a su lugar, pero no podía concentrarse. Cada vez que alguien lo miraba, sentía que sabían algo que él ignoraba. Cuando Laura llegó, saludó con su sonrisa de siempre, aunque notó que ella evitaba mirarlo directo a los ojos. Se sentó al otro lado de la sala, sacó papeles y empezó a revisar notas del proyecto.

Marcos no aguantó más. Caminó hacia ella, cruzando la sala con pasos decididos.

—¿Podemos hablar un momento? —dijo, sin esperar respuesta. Salió al pasillo y Laura lo siguió, cerrando la puerta tras de sí.

—¿Qué pasa, Marcos? —preguntó, cruzando los brazos.

—Hoy escuché un rumor raro. Dicen que estás filtrando información del proyecto. Que lo haces para quedar bien con Gerencia y… que yo ni me doy cuenta.

Laura abrió los ojos de par en par. Al principio, no dijo nada. Luego soltó una risa corta, incrédula.

—¿En serio crees eso? ¿Tú también? —preguntó, bajando la voz pero sin perder firmeza.

—No lo sé, Laura. No quiero creerlo, pero… ya sabes cómo es esta empresa. Si algo sale mal, nos cargan la culpa a los dos —contestó, sintiendo que la voz le temblaba un poco.

Laura lo miró fijo, sin parpadear.

—¿Y tú? ¿De verdad dudas de mí por un chisme barato? Porque si es así, mejor dime ahora —dijo, con una rabia contenida que apenas logró disfrazar.

—No es eso. Es solo que… este proyecto es todo para nosotros. No quiero que nada lo arruine —intentó justificarse, aunque sabía que sonaba débil.

Laura apretó los labios, como si pensara qué decir para no explotar.

—Llevo semanas partiéndome el lomo para que esto funcione. Para que tú y yo funcionemos como equipo. ¿Y vienes a preguntarme si estoy traicionando el proyecto? —preguntó, bajando la mirada por un segundo. Cuando levantó la cabeza, sus ojos brillaban de coraje.

—No quería pelear. Solo necesitaba escucharlo de ti —susurró Marcos, bajando la vista.

—Pues escúchalo de una vez: jamás haría algo así. Ni por el ascenso ni por nada. Y menos a tus espaldas —dijo Laura, tajante. Dio un paso atrás y abrió la puerta, pero se detuvo antes de entrar.

—Si no confías en mí, entonces no tiene sentido que sigamos trabajando juntos —agregó, mirándolo de reojo.

La puerta se cerró y Marcos se quedó solo en el pasillo. Sentía una mezcla de rabia, culpa y miedo. Respiró hondo, intentando calmarse, pero las palabras de Laura se le quedaron clavadas. ¿En qué momento la desconfianza había entrado tan fácil entre ellos?

Volvió a su escritorio, pero no pudo avanzar nada en el informe. Las palabras se le mezclaban con las imágenes de Laura, su tono firme, su decepción. Sofía pasó cerca y lo miró, pero no dijo nada. El silencio entre ellos también pesaba. Marcos vio a Laura a lo lejos, trabajando sola, sin mirar a nadie. La distancia era física, pero sentía que se había abierto un abismo.

El resto del día pasó lento y pesado. Cada vez que pensaba en acercarse a Laura, recordaba su mirada y se frenaba. El rumor seguía circulando y, aunque nadie lo mencionaba de frente, Marcos notaba el cambio en el ambiente. La confianza, que tanto les había costado construir, ahora pendía de un hilo muy fino.

Al salir de la oficina, Marcos se detuvo en la puerta, mirando a Laura recoger sus cosas. Dudó si hablarle, pero ella ni volteó. El silencio lo acompañó hasta la calle, donde la pregunta lo golpeó de nuevo: ¿se rompería la confianza que apenas empezaban a construir?

¿Qué te pareció este capítulo?

Toca una estrella. Es opcional y no detiene tu lectura.

0:00 / 6:06

Siguiente lectura