Capítulo 15 · ~5 min
El momento oscuro
Laura llegó a la oficina antes de las ocho. Casi no había dormido. Caminó directo a su lugar, sin mirar a nadie. Encendió la computadora y abrió los archivos del proyecto, pero las palabras se le mezclaban en la pantalla. Sentía un nudo en el estómago. Sabía que Marcos iba a llegar en cualquier momento y no sabía cómo enfrentarlo después de la pelea de ayer.
Se obligó a repasar el informe. Intentó enfocarse, pero la puerta del área se abrió con fuerza. Era Marcos. Cruzaron miradas por un segundo, y Laura bajó la vista. El ambiente se volvió más denso con su sola presencia. Él dejó su mochila en el escritorio y se acercó, serio, sin rodeos.
—¿Podemos hablar? —dijo Marcos, apoyando las manos en la mesa de Laura. No era una pregunta, más bien una orden cansada.
Laura asintió, sin ganas. Marcos se sentó frente a ella, mirándola fijo. Había tensión en su mandíbula. Nadie más en la sala. Por fin, él rompió el silencio.
—No puedo seguir así —dijo—. Ni con el proyecto, ni contigo. Todo esto… está a punto de explotar.
Laura lo miró, sintiendo rabia y tristeza mezcladas. Respondió con voz baja, intentando no quebrarse.
—¿Y qué propones? ¿Que tiremos todo por la borda porque tú no puedes confiar en mí?
Marcos apretó los puños. Se notaba que se estaba conteniendo.
—No es solo eso, Laura. Es que siento que cada vez que intento acercarme, tú levantas un muro. Y yo… yo también tengo miedo.
Laura se echó hacia atrás en la silla. Sintió las lágrimas presionando detrás de los ojos, pero no iba a llorar ahí. No frente a él.
—¿Miedo a qué, Marcos? ¿A que alguien te decepcione? ¿A que te dejen solo?
Marcos no respondió de inmediato. Bajó la mirada y se frotó la frente, incómodo. Cuando volvió a mirarla, su voz era más baja.
—He perdido muchas cosas en mi vida, Laura. No confío fácil, pero contigo… pensé que podía. Y luego pasa esto, el rumor, la desconfianza. Me hace dudar de todo.
Laura apretó los dientes. Tuvo que hacer un esfuerzo para no gritarle.
—¿Y crees que para mí es fácil? Yo también me estoy jugando todo aquí. El proyecto, mi trabajo, lo que soy. No puedo con tus reproches cada vez que algo sale mal.
Marcos se levantó de golpe. Dio dos pasos hacia la ventana, respirando hondo. Laura lo siguió con la mirada. Él se quedó de espaldas unos segundos, después giró, más calmado pero frío.
—Ya no sé si vale la pena seguir con esto. Ni con el proyecto, ni…
Laura se levantó también, interrumpiéndolo.
—No te atrevas, Marcos. No después de todo lo que hemos hecho. No me dejes sola con esto ahora.
Marcos la miró, sorprendido por el tono de Laura. Dio un paso hacia ella, pero se detuvo, dudando.
—No sé si puedo, Laura. Me siento ahogado. Siento que, haga lo que haga, voy a perder.
Un silencio incómodo se instaló entre los dos. Laura se cruzó de brazos, respirando rápido. Miró a Marcos, buscando alguna señal de que todavía quería pelear por lo suyo. Pero él solo la miraba, como si no supiera qué hacer.
—¿Y el proyecto? —preguntó Laura, casi en un susurro—. ¿Vas a dejarlo justo cuando más te necesitan?
Marcos se encogió de hombros, derrotado.
—No lo sé. No puedo pensar en el trabajo si siento que todo lo demás se está cayendo.
Laura apretó los puños.
—Siempre te vas cuando las cosas se ponen difíciles. No eres el único que tiene miedo, ¿ok? Pero aquí estoy, dando la cara. ¿Tú puedes decir lo mismo?
Marcos la miró con rabia. Se acercó otro paso, bajando la voz.
—No me juzgues, Laura. No tienes idea de lo que he pasado. Cada vez que confío, termino perdiéndolo todo.
—¿Y yo qué? —contestó Laura, con la voz temblorosa—. ¿Tú crees que no me duele que dudes de mí? ¿Que pienses que sería capaz de traicionarte?
Se quedaron frente a frente. La distancia era mínima, pero el abismo era enorme. Marcos bajó la mirada y respiró hondo. Laura sintió que, si uno de los dos se movía, todo se rompería para siempre.
En ese momento, entró un mensaje en la pantalla de Laura: Ramírez pedía avances del informe para esa misma tarde. Ella lo leyó, tragó saliva y volvió a mirar a Marcos.
—Tenemos que entregar esto hoy. Si no lo hacemos juntos, los dos perdemos. ¿Lo entiendes?
Marcos no respondió. Parecía atrapado entre el orgullo y el miedo. Finalmente, dio un paso atrás, recogió su mochila y miró a Laura con una mezcla de dolor y reproche.
—No sé si puedo, Laura. De verdad, ya no sé.
Salió del área sin mirar atrás. Laura se quedó sola, temblando. Miró la pantalla, la notificación de Ramírez y el informe a medio hacer. Sintió que el aire le faltaba. Se sentó, puso la cabeza entre las manos y se quedó ahí, sin moverse.
¿Será este el fin de todo?