Historia Abierta
Portada de Entre Rivales y Deseos
  • 20 capítulos
  • 7.345 lecturas
  • Completada

+18

21

~5 min de lectura

Capítulo 17 · ~5 min

Un acercamiento valiente

Laura llegó temprano a la oficina. El aire estaba tenso, como si las paredes recordaran cada discusión de los últimos días. Se sentó en su lugar, abrió la laptop y repasó el informe una vez más, buscando errores que ya sabía que no existían. No había dormido bien. El silencio de la mañana le pesaba, pero prefería eso a las miradas de los demás.

A media hora de estar ahí, escuchó pasos acercándose. No levantó la vista. El golpe sutil de una taza contra su escritorio la sacó de su concentración.

—Te traje café —dijo Marcos, sin mirarla directo—. Es el que te gusta, sin azúcar.

Laura dudó antes de responder. Tomó la taza, la sostuvo un segundo sin probarla.

—Gracias —murmuró, todavía fría.

Marcos se quedó parado junto a su escritorio. Sus manos jugaban con el borde de un folder, como si buscara algo que decir y no lo encontrara.

—¿Podemos hablar? —preguntó, bajando la voz—. Prometo que no voy a discutir.

Laura asintió, pero no soltó la taza. Él se sentó frente a ella, en la esquina del escritorio. Por primera vez en días, sus ojos no se esquivaron.

—Lo que pasó… —empezó Marcos—. Fui un imbécil. No tenía derecho a dudar de ti así. Ni por el rumor, ni por nada. Me equivoqué feo. Y lo sé.

Laura se recargó en la silla. Sus dedos temblaban apenas.

—No fue solo el rumor, Marcos. Fue todo. Sentí que no confiabas en mí, ni en lo que hacemos juntos. Y eso… duele. Después de todo el esfuerzo.

Marcos respiró hondo. Se inclinó hacia adelante, sincero.

—No tengo excusas. Solo quería decirte que lo lamento. Perdón, Lau. Perdón de verdad.

Un silencio incómodo llenó el espacio. Laura bajó la mirada, pensó en lo fácil que sería cerrarse y seguir igual. Pero algo en la voz de Marcos sonaba distinto, más honesto que otras veces.

—No sé si con una disculpa alcanza —respondió ella—. Pero valoro que lo digas. No quiero seguir peleando, Marcos. No así.

—Yo tampoco. No sirve de nada —contestó él, más tranquilo—. ¿Me das chance de demostrarte que puedo cambiar?

Laura dudó, pero asintió despacio. Guardó silencio, respirando hondo. Después, se levantó con la taza en la mano y fue hasta la impresora, buscando un poco de espacio.

Mientras la máquina sacaba hojas, Laura pensó en todo lo que habían perdido por orgullo. Recordó los momentos en que trabajar juntos era sencillo, antes de que los rumores y la competencia lo contaminaran todo. Volvió a su lugar y encontró a Marcos revisando el informe en la pantalla.

—Le agregué una sección nueva —dijo él, señalando el monitor—. Es tu idea sobre la retroalimentación de clientes. La desarrollé anoche. ¿La quieres revisar?

Laura se acercó. Leyó el párrafo que él había escrito, notando cómo había usado sus palabras. No pudo evitar una sonrisa discreta.

—No está mal. Solo hay que ajustar un par de datos. Pero va en la dirección correcta.

Marcos sonrió, aliviado. Dejó que ella editara. Por unos minutos, trabajaron juntos en silencio. Laura sentía que la tensión se aflojaba, aunque todavía quedaban cosas pendientes entre ellos.

—¿Te parece si después de esto…? —empezó Marcos, pero dudó—. No sé, podríamos almorzar y hablar bien. Sin presiones.

Laura lo miró por primera vez sin dureza.

—Depende de cómo termine la mañana —respondió, con un tono medio en broma—. Si no peleamos antes, puede ser.

Marcos soltó una risa baja. El sonido se sintió como un respiro después de días bajo el agua.

—Trato hecho. Te prometo que voy a intentarlo.

Un par de compañeros entraron a la sala, pero ninguno se acercó. Laura notó que ya no la miraban con desconfianza, o tal vez solo era su imaginación. Siguió ajustando el informe hasta que Marcos le señaló un error de redacción. Ella le agradeció con una mueca y él se encogió de hombros.

—¿Vas a querer ayuda con la presentación de mañana? —preguntó él, sin tono de burla.

Laura asintió.

—Sí. Pero esta vez, déjame empezar a mí. Tú siempre te adelantas y luego no puedo meter mi parte.

—Prometido —contestó Marcos—. Hoy mando yo los cafés, tú la presentación.

Laura soltó una risa breve, casi sin querer. Sintió que algo pequeño pero importante se reconstruía entre ellos. No era suficiente, pero era un inicio.

El resto de la mañana pasó entre detalles del informe y silencios menos pesados. A ratos, Marcos encontraba formas de ayudar sin invadir su espacio. Laura, por primera vez en días, no sentía esa urgencia de defenderse cada vez que él hablaba.

Cuando el reloj marcó mediodía, Marcos se levantó.

—¿Entonces? ¿Almorzamos?

Laura lo miró, midiendo todavía sus palabras. Dudó un instante, pero luego asintió.

—Vamos. Pero solo si me dejas elegir el lugar.

—Obvio. Hoy mandas tú —respondió Marcos, levantando las manos en señal de paz.

Salieron juntos de la oficina. En el pasillo, Laura sintió la mirada curiosa de Sofía desde lejos, pero no se detuvo a saludar. Tenía suficiente con lo que pasaba entre ella y Marcos.

Caminaron en silencio hacia el elevador. Marcos no intentó tocarla ni hacer ninguna broma fuera de lugar. Solo caminó a su lado, respetando su espacio, como si supiera que el más mínimo error podría arruinar lo poco que habían recuperado.

Al llegar a la planta baja, Laura se giró hacia él.

—No creas que ya está todo bien —advirtió, medio en serio, medio en juego—. Pero aprecio que lo intentes.

Marcos asintió, serio.

—Voy a seguir intentándolo, Lau. No pienso rendirme tan fácil.

Salieron del edificio. La calle tenía el bullicio de siempre, pero Laura sentía que algo en ella era distinto. No había certezas, solo la posibilidad de un nuevo comienzo. Se preguntó si la relación con Marcos de verdad podía renacer, o si lo que habían vivido ya era demasiado para volver a empezar.

¿Qué te pareció este capítulo?

Toca una estrella. Es opcional y no detiene tu lectura.

0:00 / 6:54

Siguiente lectura