Historia Abierta
Portada de Renata: La esposa que volvió
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Capítulo 15 · ~5 min

Rehenes y traiciones

Nada de lo que había hecho Renata la preparó para la angustia que sentía mientras bajaba por las escaleras del despacho de Leonor. Cada paso retumbaba, como si el eco le recordara que Pilar seguía perdida, y que ahora Iván era más peligroso que nunca. Renata apretó el bolso contra el pecho, sintiendo el peso de las pruebas y la promesa que le había hecho a Pilar: no dejaría que nadie más muriera por su culpa.

En la calle, buscó con la mirada algún rastro de su amiga. El celular vibró en su mano. Un mensaje anónimo, solo una dirección acompañada de la palabra "ya". Reconoció el barrio: una zona industrial, llena de bodegas abandonadas. Dudó solo un segundo y llamó un taxi. Nadie debía seguirla, ni Emilio, ni Leonor. Aquello era entre ella, Pilar e Iván.

El taxi dejó a Renata a dos cuadras del lugar. Caminó junto a una reja oxidada, con la mente repasando cada advertencia de Fabián. El miedo era real, pero la rabia lo empujaba todo. Nadie más iba a decidir su destino. Al fondo, una bodega con la puerta entreabierta. Adentro, luz de neón y el sonido de pasos. Renata se detuvo un instante y respiró hondo antes de entrar.

Pilar estaba allí, sentada en una silla, las manos atadas con cinta gris. Tenía la boca tapada, pero los ojos abiertos de par en par. Renata dio dos pasos y la vio mover la cabeza, intentando decirle algo. Un movimiento a la derecha. Iván apareció entre las sombras, sonriendo.

—Sabía que vendrías sola —dijo Iván, apoyado en una columna, el saco desabrochado—. Lo tuyo siempre ha sido la lealtad equivocada.

Renata le sostuvo la mirada. Se obligó a no mirar a Pilar más de un segundo, para no delatar el miedo.

—Suéltala, Iván. No tienes que meterla en esto. Ella no sabe nada.

Iván se acercó despacio, sacó una navaja del bolsillo y cortó la cinta de la boca de Pilar. Ella tosió y habló rápido, la voz temblorosa:

—No le des nada, Renata. No confíes en él.

Iván soltó una risa breve, miró a Renata y luego a Pilar.

—¿Ves? Hasta tu amiga entiende cómo funcionan los negocios. Pero no quiero tus amenazas, Renata. Quiero garantías.

Renata no se movió. Dejó el bolso en el suelo, despacio, mirando a Iván.

—Tengo las pruebas. Si le haces daño a Pilar, todo se sabrá. Hasta Leonor está lista para entregarte si es necesario.

Iván se encogió de hombros, fingiendo desinterés.

—¿Crees que no lo sé? Mi madre se vendió hace tiempo. Por eso tú y yo tenemos que hablar en serio. Dame el pendrive y los documentos. Ahora.

Renata bajó la mirada al bolso, pero no se agachó.

—Solo la suelto si me das las garantías. Y sabes que no confío en ti, Iván. Ni un segundo.

Iván se acercó a Pilar y apoyó la navaja en el brazo de ella, sin apretar. Pilar se quedó inmóvil. Renata apretó los puños, pero no se movió. El sudor le resbalaba por la frente.

—Esto es simple —dijo Iván, con voz baja—. Llamas a Emilio. Le dices que venga aquí solo. Si lo hace, suelto a Pilar. Si no, te quedas sin amiga y sin pruebas.

Renata dudó. Pilar tenía los ojos llenos de terror. Renata no podía exponer a Emilio, pero tampoco podía dejar a Pilar en manos de Iván.

—No voy a traer a Emilio a una trampa —dijo por fin—. Haz lo que quieras conmigo, pero déjala ir. Yo tengo lo que tú quieres.

Iván ladeó la cabeza, divertido.

—Siempre tan heroica. Pero las heroínas mueren jóvenes, ¿no es cierto? —Hizo una pausa, acercándose aún más a Renata—. ¿O prefieres un intercambio? Tú por ella. Eso sí me interesa.

Renata lo miró sin pestañear. El miedo era real, pero no iba a dejar que Iván ganara.

—¿Qué garantía tengo de que no vas a matarnos a las dos?

Iván sonrió más amplio, mostrando los dientes.

—Ninguna. Pero si no me das lo que quiero, te juro que nadie vuelve a ver a Pilar. Ni siquiera tú.

El sonido de un auto al detenerse afuera interrumpió el momento. Iván giró la cabeza, atento. Renata aprovechó para dar un paso hacia Pilar, pero Iván fue más rápido. Le puso la navaja en el cuello a Pilar y la levantó de la silla de un tirón.

—¡Ni un paso más! —gritó Iván—. Esto se acabó. Nos vamos.

Renata se quedó inmóvil. Vio cómo Iván empujaba a Pilar hacia la puerta trasera de la bodega. Pilar la miró, suplicando sin palabras. Renata no podía hacer nada, no sin poner en riesgo a su amiga. El miedo la quemaba por dentro, pero no se movió.

Iván abrió la puerta trasera y salió con Pilar, sujetándola del brazo. Antes de desaparecer, volteó hacia Renata.

—Si quieres verla viva, ya sabes qué hacer —dijo—. O me das lo que tengo que tener o la pierdes para siempre.

La puerta se cerró de golpe. Renata se quedó sola, con el bolso en el suelo y el eco de la amenaza de Iván retumbando en la cabeza.

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