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Arriendo en Disputa

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Sinopsis

Lina Ochoa vende arepas en Envigado y debe siete millones doscientos mil pesos de arriendo. Felipe Vallejo hereda el edificio y necesita 410 millones para que el banco no lo remate. Ella jura que ya pagó, él no encuentra el pago y el lote vacío es su única salida.
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~5 min de lectura

Capítulo 1 · ~5 min

Recibo de junio

—Un recibo no paga seis meses de arriendo, señorita Ochoa —dijo Felipe Vallejo, sin levantar la vista del celular.

Lina dejó el papel sobre la plancha, al lado de la bandeja de masa. Era un recibo doblado en tres, con un sello morado que casi no se leía. Lo había guardado en la bolsa del delantal desde junio, y lo sacó con las manos llenas de masa.

—Es de junio —dijo ella—. Tres millones seiscientos mil pesos, en efectivo, en la oficina de Rodrigo Ospina. Ese papel dice que pagué, y yo no pago dos veces.

Felipe seguía en la acera, con una mano apoyada en el borde del mostrador que daba a la calle. Por fin bajó el celular. Llevaba la camisa remangada hasta los codos y, en el bolsillo del pecho, unos lentes de leer que no se puso.

—Rodrigo Ospina no es el banco. Yo conozco el crédito del edificio, cuatrocientos diez millones, y el banco no ha recibido un peso de este local desde enero.

Lina lo conocía de sobra. Todo Envigado sabía que el hijo de don Gonzalo había vuelto de Bogotá en marzo, con corbata negra y la cara de quien no quiere que le pregunten nada.

—Entonces el banco está mal, o usted no ha mirado bien. Yo no le debo a nadie en junio.

—Usted debe seis meses de arriendo. Siete millones doscientos mil pesos. Ese es el único número que me importa hoy.

Lina hizo la cuenta sin querer. Un millón doscientos mil al mes, seis meses, y encima el sueldo de Yeison, el gas y la luz de arriba. Cada número le salía igual de mal que el anterior.

Al otro lado de la plancha, Yeison dejó caer una mata de maíz en el balde sin levantar la cabeza.

—Si el señor se va a quedar, que ponga la plata en el mostrador —dijo Yeison—. Yo le sirvo la de queso mientras tanto.

Lina tomó una cuchara de la bandeja y la golpeó contra el borde de la plancha, para que el ruido le diera tiempo de pensar.

—Cállese, Yei —dijo ella, y volvió a mirar a Felipe—. Démelo en cuotas. Le pago lo que de verdad debo, y el local se queda donde está.

—¿Con qué plata?

—Eso es asunto mío.

—Entonces no hay plazo. Le doy hasta el 9 de octubre. Si no paga para esa fecha, el local sale del edificio, y el lote queda vacío para lo que yo decida.

—¿Y si no alcanzo?

—Entonces el banco decide, y el banco no pregunta por su mamá.

Arriba, la ventana del segundo piso seguía cerrada. Nubia no había bajado todavía, y Lina lo agradeció sin decirlo.

—Eso no es un plazo, es una amenaza con fecha.

—Es lo que hay. Usted es deudora, señorita Ochoa, no la dueña de esto.

Felipe sacó una libreta del bolsillo trasero, escribió con el lápiz que llevaba detrás de la oreja y la cerró de golpe. Lina alcanzó a leer su apellido y, al final de la línea, un nueve.

—¿Qué es eso?

—Su nombre. Así el banco sabe quién debe.

Lina apretó el recibo contra el delantal y se acercó a la ventana. Del fondo llegaba el olor del maíz tostado y el ruido de la plancha al calentarse.

—Mi mamá firmó con su papá en 2013, de palabra. Usted heredó el edificio, no la palabra.

—Mi papá murió en marzo. Lo que firmó de palabra se murió con él.

Lina no contestó de inmediato. Puso dos arepas en la plancha para tener algo que hacer con las manos.

—Démela —dijo Felipe, y señaló el llavero que colgaba del clavo, junto a la puerta—. La llave del local.

—No. La llave es mía, y la plancha también.

Yeison dejó de pelar y miró la llave, y luego a Lina.

—Hasta el 9 de octubre, la llave es mía. Después hablamos.

—Déjeme ver el recibo. Lo leo y sigo con lo mío.

Lina lo sostuvo un segundo más. Después lo pasó por la ventana, y Felipe se puso los lentes sin apuro.

Leyó el papel dos veces. Su dedo se detuvo en la parte de abajo, donde el sello morado se hundía en el margen.

—Inmobiliaria Vallejo —leyó despacio—. Y debajo, una firma: R. Ospina.

—Así firmó él. Yo no le pregunté más.

—¿Usted pagó en la inmobiliaria o en otra parte?

—En la oficina de la carrera 43. Con sello y con firma. Ahí está.

Felipe no contestó. Se quitó los lentes, los guardó en el bolsillo del pecho y miró el papel otra vez, como si el sello fuera a cambiar.

—Guárdelo bien —dijo al fin, y le devolvió el papel por la ventana.

Lina lo recibió doblado en tres y lo guardó en la bolsa del delantal, justo donde había estado desde junio. Felipe se quedó en la acera con los lentes en el bolsillo. Al otro lado de la plancha, Yeison seguía pelando maíz.

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Sobre esta novela

+13. Pensada para adolescentes: puede incluir peligro, pero no violencia gráfica ni escenas sexuales.

Por Equipo Historia Abierta

  • Completada
  • 20 capítulos
  • Publicada el
  • Actualizada el

Personajes principales

  • Lina Ochoa · Protagonista
  • Felipe Vallejo · Protagonista
  • Nubia Ochoa · Secundario
  • Beatriz Quintero · Secundario
  • Yeison Mesa · Secundario
  • Gonzalo Vallejo · Secundario

Capítulos

  1. 1 Recibo de junio
  2. 2 Cesión en el escritorio
  3. 3 Cuaderno negro
  4. 4 Demanda con sello
  5. 5 Trato en la plancha
  6. 6 Promesa en el archivador
  7. 7 Última página
  8. 8 Reproche en la acera
  9. 9 Tinto después de cerrar
  10. 10 Páginas arrancadas
Ver los 20 capítulos
  1. 11 Dinero de la caja
  2. 12 Grabación en el bolso
  3. 13 Candado en la reja
  4. 14 Firma a escondidas
  5. 15 Cuenta de Rodrigo
  6. 16 Muebles en la acera
  7. 17 Denuncia en fiscalía
  8. 18 Cara a cara
  9. 19 Trampa en la notaría
  10. 20 Contrato a mi nombre