Historia Abierta
Portada de Renata: La esposa que volvió
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Capítulo 16 · ~5 min

Sacrificio

Renata revisó su celular. Un mensaje entró con un número desconocido: “Tienes una hora. Si no recibo lo mío, Pilar desaparece. No llames a nadie más. Te espero en la fábrica vieja de San Martín. Ven sola.”

No perdió tiempo. Guardó la carpeta negra, el pendrive y la carta en el fondo del bolso. Salió de la bodega, echando un vistazo rápido a la calle. Ni rastro de Iván ni de Pilar. El motor de un auto sonó a dos cuadras, pero no pudo distinguirlo. Caminó deprisa hasta la esquina, con los nervios a flor de piel, y pidió un taxi. Dio la dirección sin mirar al conductor.

La ciudad parecía aún más hostil. Renata apretó el bolso contra el pecho. Repetía mentalmente la última mirada de Pilar. Tenía que rescatarla, pero no podía confiar en nadie. Ni siquiera en Emilio. Fabián y su destino le habían dejado claro el precio de un error.

El trayecto fue rápido. Bajó antes de llegar y caminó el resto. La fábrica vieja estaba rodeada de muros grafiteados, ventanas rotas y una reja oxidada. Renata entró, tensa, y avanzó por el corredor hasta un galpón iluminado por una sola lámpara colgante.

Iván la esperaba junto a una mesa. Pilar, atada y con cinta en la boca, temblaba en una silla al otro lado. El rostro de su amiga tenía una marca roja en la mejilla. Renata sintió la rabia subir, pero no mostró nada.

—Llegaste justo a tiempo —dijo Iván, jugueteando con el celular—. Me alegra ver que sí sabes obedecer instrucciones.

Renata dejó el bolso en el suelo, sin quitarle la vista de encima.

—¿Qué quieres ahora, Iván?

Él soltó una risa corta y le enseñó una hoja doblada.

—Muy simple. Emilio trae esto firmado a mi nombre, y Pilar queda libre. Si no, bueno... —Acarició el cuchillo que tenía sobre la mesa—. Ya sabes lo que pasa.

Renata miró la hoja: era la cesión total de la empresa Saldarriaga. El nombre de Emilio en la línea de firma. La trampa era obvia, pero el peligro también.

—¿Crees que Emilio va a venir solo? —preguntó Renata, midiendo cada palabra—. Sabes que no confía en ti.

Iván ladeó la cabeza.

—Por eso te quiero a ti. Vas a llamarlo. Le dirás que venga, que traiga la firma y que venga sin juegos. Si no, Pilar no sale de aquí.

Renata miró a Pilar, que intentaba gritar algo bajo la cinta. Su amiga pateó la silla, desesperada. Renata sintió el pulso acelerarse, pero fingió calma.

—Déjala ir, Iván. Quédate conmigo. Yo valgo más para ti. Tú mismo lo dijiste.

Iván se acercó, curioso.

—¿Por qué haría eso? Emilio jamás arriesgaría la empresa por ti. Pero por Pilar...

Renata levantó la voz, cortante.

—Conmigo tienes lo que quieres. Las pruebas, los documentos, el pendrive. Todo. Sabes que conmigo puedes negociar. Pero si lastimas a Pilar, no te queda nada.

Iván la estudió. El brillo peligroso en su mirada dejó claro que estaba cansado de juegos.

—¿Piensas sacrificarte? Qué noble. Pero no soy idiota, Renata. Dame el bolso.

Ella se lo entregó. Iván lo revisó rápido, sacando la carpeta y el pendrive. Sonrió satisfecho, pero no dejó de mirar a Renata.

—Ahora llamas a Emilio. Dile que venga y que firme.

Renata tomó el celular, pero no marcó. Miró a Pilar, luego a Iván.

—Si Emilio viene, es una trampa para los dos. No te interesa un escándalo, Iván. Yo me quedo y Pilar sale. Así de simple.

Iván dudó unos segundos. Se acercó a Pilar y le quitó la cinta de la boca.

—¡No, Renata! ¡No lo hagas! —gritó Pilar, con la voz ronca—. No te entregues. No confíes en él.

Iván le tapó la boca de nuevo con fuerza.

—¡Basta! —le espetó—. Aquí mando yo. Nadie hace nada hasta que Emilio firme. ¿O quieres que ella lo pague?

Renata se adelantó, decidida.

—Hazlo. Llévame a mí. Deja a Pilar. Yo me quedo. Tienes mi palabra: no haré nada hasta que tengas la firma. Pero suéltala ya.

Iván la miró, midiendo si podía ganar más con ese trato. Finalmente asintió con una leve sonrisa.

—Siempre fuiste buena negociando, Renata. Pero si intentas algo, ni tú ni tu amiga salen vivas.

Se acercó a Pilar, le quitó las ataduras de los pies y la empujó hacia la puerta lateral. Renata sintió un alivio fugaz al ver a Pilar caminar, aunque temblando.

—Vete y no mires atrás —le susurró Renata cuando pasó junto a ella.

Iván le hizo una seña a un tipo que esperaba afuera. Pilar salió arrastrando los pies, sollozando. La puerta se cerró con un portazo. Ahora solo quedaban Renata, Iván y la promesa peligrosa de un sacrificio.

Iván se acercó, cuchillo en mano.

—Ahora sí, Renata. Vamos a ver cuánto estás dispuesta a perder por tus amigas. Espero que Emilio valore tu generosidad cuando llegue la hora.

Renata lo miró sin parpadear. Por primera vez, la decisión estaba tomada. No iba a huir. No iba a suplicar.

—Haz lo que tengas que hacer, Iván. Pero si me fallas ahora, no te queda nada.

Él la rodeó, cerrando el círculo. Afuera, la noche seguía, indiferente. Renata respiró hondo, lista para el siguiente golpe.

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