Historia Abierta
Portada de Cuidando al que Me Hundió
  • 20 capítulos
  • 96 lecturas
  • Completada

+13

21

~5 min de lectura

Capítulo 18 · ~5 min

El silbido

Ingrid marcó el número de Jhonny. Él contestó dormido, oyó tres frases y dijo que iba para allá. No le reclamó nada.

***

A las seis de la mañana del sábado 7, Ulises ya estaba despierto. No había dormido. La firma de la noche anterior le pesaba en la mano como un yeso, y no entendía por qué.

Sara entró a su cuarto sin tocar, en pijama, con el teléfono contra el pecho.

—Arrestaron a Ingrid anoche en el estadio —dijo—. Lo publicó una página de chismes a las dos de la mañana. Germán la denunció.

—¿En el estadio? ¿Qué hacía allá?

—No sé, Uli. Pero tú sí deberías saber algo.

Sara le tiró el celular en la cama.

—Escucha la nota de voz otra vez. Con tus audífonos buenos, no con el altavoz.

Ulises se puso los audífonos de estudio. Subió el volumen hasta el fondo y cerró los ojos.

La voz de robot dijo lo mismo de siempre. Ulises la dejó pasar. Se concentró en lo que había debajo, en el zumbido que el miércoles no alcanzó a separar.

No era un zumbido. Era un silbido, bajito y lejano. Eran cuatro notas de un puente que él había escrito con Elkin en 2016. La tercera nota salía plana, siempre en el mismo sitio, como la silbaba un solo hombre en su vida desde 2019.

Ulises se quitó los audífonos. Tenía las manos frías.

—Es Wilmar —dijo—. Está silbando mi canción mientras graba.

—¿Estás seguro?

—Desafina en el mismo lugar desde hace ocho años, Sarita. Yo oigo eso hasta dormido.

Después buscó la carpeta azul. Germán se había llevado el original firmado. En el escritorio quedó la copia del asegurado, porque estaba seguro de que él no la abriría. Ulises la abrió en la primera página y leyó el título completo, palabra por palabra.

«Extensión de póliza de persona clave hasta el 31 de diciembre de 2027. Beneficiario: Bedoya Entretenimiento S. A. S.».

Leyó las cuatro páginas. Leyó la letra pequeña. Cuando terminó, eran las siete y diez y ya tenía claro qué iba a hacer.

***

La fiscal de turno en la URI era una mujer joven, de gafas rojas, que revisó el caso de Ingrid en diez minutos. No hubo daño en el estadio. No hubo robo. La puerta de proveedores estaba abierta y el vigilante veía un partido.

A las diez de la mañana, Ingrid salió por la reja con la liga en la muñeca y Jhonny a su lado. Ulises la esperaba en la acera, solo, sin gorra y sin escoltas. Había llegado en taxi.

Llevaba la misma camisa blanca del lunes, arrugada, y la carpeta azul debajo del brazo. Un vendedor de tintos lo reconoció y le pidió una foto. Ulises le dijo que después, que estaba esperando a alguien.

Ella se detuvo a tres pasos de él.

—Perdóname —dijo Ulises—. Le creí a Germán sin dejarte hablar. Hice lo mismo que en 2026.

—Yo también te mentí. Lo de la carnada era verdad, aunque no como él lo contó.

—Ya sé. Y ya sé quién silba en la nota de Sara.

—Wilmar —dijo ella.

Ulises asintió. Le mostró la extensión de la póliza, con su firma al final. Ingrid la leyó en la acera, de pie, mientras pasaban los buses de la Feria.

Después dobló la hoja y se la devolvió. Le costó más decirlo que cortar la cadena de La Macarena.

—Necesito ayuda —dijo—. No puedo sola. Wilmar tiene mi celular, mis fotos y todas las llaves del estadio.

Jhonny sacó un pito plateado del bolsillo y lo hizo girar en el dedo.

—Por fin —dijo—. Diez años esperando esa frase.

***

A las once y media se reunieron en el estudio de Elkin, en el sótano de Laureles. Llegaron Sara en su moto rosada, Yesenia con su caja de maquillaje y Jhonny con un mapa del estadio impreso en cuatro hojas.

Elkin le entregó a Ingrid un pase de producción con su nombre falso: «Asistente de sonido». Yesenia le cortó el pelo a la altura de los hombros y le pintó unas pecas falsas.

—Así no te reconoce ni tu mamá —dijo Yesenia.

—Mi mamá me reconoce por la forma de pararme —dijo Ingrid.

—Pues párate como asistente de sonido, mi amor. Encorvada y con cara de sueño.

Elkin se rio con el cabestrillo temblando. Llevaba una semana sin reírse.

Jhonny tenía permiso para dos agentes de civil, gracias a la fiscal de gafas rojas. Elkin iba a manejar el sonido desde la mesa, junto a la plataforma. Sara iba a quedarse con Dora en las graderías, lejos del escenario, con el celular cargado.

Ulises se encargaba de la parte más difícil. Tenía que llegar al estadio con Germán y Wilmar, sonreír, y no dejar que ninguno de los dos notara que lo sabía todo.

—¿Puedes mentir otra vez? —le preguntó Ingrid.

—Con Germán aprendí de los mejores.

—Y no firmas nada esta noche.

—Ni una servilleta. Esta vez te lo juro por mi papá.

—¿Y si Wilmar te pide el celular?

—Se lo doy. El mío no tiene nada. El de Sara es el que importa.

A las cuatro de la tarde, cuando estaban repasando el mapa por última vez, sonó el celular de Jhonny. Él escuchó en silencio. Después colgó y miró a Ulises.

—Germán cambió el guion hace una hora. Ya no entras por la plataforma de abajo. Vas a salir por la pasarela elevadora del centro, en medio del público.

¿Qué te pareció este capítulo?

Toca una estrella. Es opcional y no detiene tu lectura.

0:00 / 5:57

Siguiente lectura