Historia Abierta
Portada de Juicio de Pasiones
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Todas las edades

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Capítulo 16 · ~4 min

Descubriendo la verdad

Isabela entró temprano a la oficina, con la cabeza llena de preguntas. No saludó a nadie. Se fue directo a la sala de archivos. Buscaba algo, aunque no sabía bien qué. Revisó las carpetas del caso Martínez. Todo estaba en orden, salvo una hoja suelta con una firma que no reconocía.

Julián apareció en la puerta, con café en la mano y cara de desvelo.

—¿Sigues en lo mismo? —dijo, dejando el café en la mesa—. Te va a explotar la cabeza.

Isabela lo miró de reojo. No quería hablar, pero tampoco podía seguir sola.

—Hay algo raro en estos documentos. Anoche encontré esta hoja —le mostró la firma—. No es mía, ni de Andrés.

Julián se acercó y tomó la hoja. Frunció el ceño.

—Esto es de Camila, la asistente de recursos humanos. ¿Por qué tendría acceso a tus archivos?

Isabela sintió un cosquilleo en el estómago. Camila era discreta, pero muy cercana al socio fundador. Nunca la consideró una amenaza.

—¿Y si ella ayudó al rival externo? —preguntó, sin decir el nombre de Sergio.

Julián asintió.

—Yo puedo buscar en el sistema quién descargó archivos en las últimas semanas. Dame una hora. Pero deberías contárselo a Andrés.

Isabela apretó los labios y negó con la cabeza.

—Eso ya no es asunto suyo.

Julián suspiró, resignado. Salió de la sala dejando la puerta entreabierta.

Isabela siguió revisando carpetas y correos impresos. Encontró dos sobres sin remitente en el cajón de Camila. Los abrió. Eran copias de la amenaza que ella y Andrés recibieron días antes. Todo apuntaba a la misma persona.

Cuando Julián volvió, traía el celular en la mano y una sonrisa nerviosa.

—Listo. Alguien descargó los archivos desde la cuenta de Camila, pero lo hizo usando tu usuario, Isa. Eso solo puede pasar si alguien vio tu contraseña o usó tu computador.

Isabela sintió rabia. Había sido tan cuidadosa. Se levantó de golpe y fue directo a la oficina de Camila. No estaba, pero en su escritorio había una llave USB.

La tomó y volvió con Julián.

—¿Puedes revisar esto? —le pidió, sin rodeos.

Julián conectó la USB en su laptop. Tardó unos minutos en abrir los archivos.

—Aquí están todos los documentos del caso Martínez. Y mira esto: correos con Sergio, el rival externo. Camila le pasaba información y le avisó cuándo estarías sola. Todo cuadra.

Isabela guardó silencio. Sus piernas temblaban. Ahora entendía todo: la carpeta roja, la traición, los rumores.

—¿Y Andrés? —preguntó Julián—. ¿Le vas a contar?

Isabela dudó. Luego asintió, con la voz baja.

—Tengo que hacerlo. Se merece saberlo.

Salió al pasillo, buscando a Andrés. Lo encontró en la sala de reuniones, solo, con papeles desordenados y cara de pocos amigos. Dudó antes de entrar, pero respiró profundo.

—¿Tienes un minuto? —preguntó desde la puerta.

Andrés no la miró, pero asintió con la cabeza.

—Encontramos al saboteador. No fui yo, Andrés. Tengo pruebas. Fue Camila. Usó mi usuario para filtrar todo.

Andrés alzó la vista. Parecía cansado, pero atento.

—¿Estás segura? —preguntó, la voz ronca.

Isabela puso la USB en la mesa.

—Todo está aquí. Julián revisó los archivos. Hay correos entre Camila y Sergio. Ella armó todo para que tú y yo peleáramos.

Andrés tomó la USB como si pesara cien kilos. No dijo nada por unos segundos. Luego se puso de pie y caminó de un lado a otro.

—Entonces… todo este tiempo, ¿nos enfrentamos por nada?

Isabela no respondió. Se apoyó en la mesa, cansada. Andrés se detuvo frente a ella.

—Perdí la cabeza. Dudé de ti. No confié.

Ella lo miró, seria.

—Yo también fallé. Pensé lo peor. Rompimos todo por una mentira.

Andrés apretó los dientes. Golpeó la mesa con el puño, suave pero firme.

—Esto no puede quedar así. Camila tiene que responder. Y Sergio también.

Isabela asintió. Por primera vez en días, sintió que podía confiar en él. Se quedaron en silencio, mirándose. Luego Andrés habló, más tranquilo.

—¿Podemos trabajar juntos otra vez? Aunque sea para terminar esto.

Isabela dudó, pero finalmente asintió.

—Por el caso. Y por nosotros. No quiero que esto acabe así.

Andrés soltó una risa corta. Se notaba aliviado.

—Igual yo. Pero primero, vamos a desenmascarar a Camila. ¿Lista?

Isabela tomó aire. Su voz sonó firme.

—Lista. Vamos a buscarla.

Salieron juntos al pasillo. Julián los esperaba, atento. Al verlos unidos, levantó el pulgar.

—¿Vamos? Camila está en la sala de descanso. No sabe que la descubrimos.

Andrés y Isabela cruzaron miradas. Ya no había espacio para la duda ni el rencor. Por primera vez en mucho tiempo, avanzaron juntos, decididos a enfrentar la verdad y recuperar lo que perdieron.

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