Capítulo 18 · ~5 min
El juicio decisivo
Valentina entró a la sala de audiencias con el expediente bien agarrado y la cabeza en alto. Sebastián caminaba a su lado, traje impecable y sonrisa tranquila. Pero los ojos le brillaban igual que cuando discutían en privado. Se sentaron juntos frente al juez. Laura y Camilo, al otro lado, murmuraban entre ellos. Valentina sintió el pulso en la garganta, pero no apartó la mirada.
—¿Lista? —murmuró Sebastián, apenas moviendo los labios.
—Más que nunca —respondió ella, sin soltar el bolígrafo.
El juez pidió silencio y empezó la audiencia. Laura tomó la palabra primero. Su discurso sonaba seguro, pero Valentina notó el temblor en sus manos. Camilo intentó reforzar los argumentos, pero la voz se le quebró al leer uno de los documentos.
Sebastián se inclinó hacia Valentina y le susurró:
—Ahí está el error que encontramos. Déjame rematar esa parte.
Valentina asintió. Cuando le tocó el turno, se levantó, miró a todos y empezó a exponer los hechos uno por uno, sin titubear. Sebastián la seguía con la mirada. Cuando ella terminó, él tomó la palabra para atacar el punto débil de Laura y Camilo.
—Honorable juez, aquí hay una contradicción evidente —dijo Sebastián, mostrando la hoja donde Laura había firmado con otra fecha—. Y si me permite, tenemos una grabación donde los testigos aclaran la situación.
Laura se puso pálida. Camilo trató de interrumpir, pero el juez lo calló.
—Por favor, silencio —ordenó el juez, sin levantar la voz.
Valentina conectó la USB al computador y reprodujo el audio. La voz de Laura sonaba clara, confesando la manipulación de documentos junto a Camilo.
—¿Algún comentario? —preguntó el juez, mirando a Laura y Camilo.
Laura bajó la cabeza. Camilo apretó los puños. Nadie respondió.
El juez ordenó un receso corto. Valentina y Sebastián salieron juntos al pasillo. Se apoyaron contra la pared, hombro con hombro. Por primera vez, no había tensión, solo una calma extraña.
—Nunca pensé que llegaría el día en que confiara en ti con los ojos cerrados —dijo Valentina, casi sonriendo.
—Créeme, para mí fue igual de difícil —contestó Sebastián, bajando la voz—. Pero si no hubieras estado aquí, esto no sale.
—No exageres —replicó Valentina, aunque se notaba que le gustaba escucharlo.
Sebastián soltó una risa baja.
—¿Te acuerdas la primera vez que discutimos por un caso? —le preguntó él.
—¿Cómo olvidarlo? Me gritaste delante de todos. Pensé que te iba a lanzar una carpeta a la cabeza.
—Y ahora me ayudas a salvar la firma. Mira cómo cambian las cosas —dijo Sebastián, tocándole el hombro.
Valentina sonrió de lado. Miró la puerta de la sala.
—¿Crees que nos van a aceptar de nuevo en la firma después de esto?
—Van a tener que hacerlo. Nadie más pudo con Laura y Camilo —respondió Sebastián, seguro.
El juez regresó. Todos volvieron a entrar. El ambiente era distinto. Laura y Camilo ya no miraban a nadie. Sebastián mantuvo la vista al frente. Valentina sentía que el aire pesaba menos.
El juez habló despacio, marcando cada palabra.
—Después de escuchar las pruebas y la grabación, queda claro que hubo manipulación de documentos y testigos. Felicito a los abogados Ríos y Ortega por su trabajo. El caso se cierra a favor de su cliente y la firma queda libre de cargos.
Valentina soltó el aire y tocó el brazo de Sebastián. Él le devolvió el gesto con un apretón leve.
Laura intentó salir primero, pero el juez le pidió quedarse para una declaración. Camilo no se movió. Camila apareció por la puerta y les hizo una seña a Valentina y Sebastián.
—¡Lo lograron! —susurró Camila, abrazando a Valentina—. Sabía que podían.
Sebastián aceptó un abrazo rápido de Camila y luego se inclinó hacia Valentina.
—¿Te diste cuenta? Nos reconocieron como equipo —dijo bajito—. Eso no lo había visto nunca aquí.
Valentina sonrió, aún incrédula. Miró a Sebastián y luego a la sala vacía.
—¿Y ahora qué? —preguntó, casi sin querer.
Sebastián la miró con esa expresión de quien ya está pensando en el siguiente movimiento.
—Ahora viene la parte difícil. Competir por el puesto, pero…
Valentina levantó la ceja.
—¿Pero?
—Pero me parece que seríamos mejores socios que rivales —dijo Sebastián, casi en broma, casi en serio.
Valentina soltó una risa corta, pero no respondió. Camila los empujó hacia la puerta.
—¡Vamos! Hay que dar la cara en la oficina. Y que Laura y Camilo expliquen todo. Les toca a ellos, por fin.
Bajaron juntos por las escaleras, con pasos rápidos. En la recepción, algunos colegas los miraban con sorpresa y respeto. Otros, con envidia. Nadie se atrevió a felicitarlos en voz alta, pero Sebastián notó la mirada del socio fundador desde su oficina.
—Nos están esperando —dijo, señalando la puerta de vidrio.
Valentina respiró hondo. Sebastián le ofreció la mano. Ella la tomó, dudando apenas un segundo.
—Vamos juntos —dijo él.
Entraron juntos a la oficina, listos para enfrentar lo que venía. Valentina miró a Sebastián de reojo y susurró:
—No me hagas quedar mal delante de todos.
—Jamás —contestó Sebastián, apretando su mano—. Además, ahora sí somos un equipo de verdad.
Avanzaron hasta la sala principal. Detrás, Camila les hacía señas de ánimo. Los otros abogados cuchicheaban. Laura y Camilo seguían en la sala del juez, sin atreverse a salir. El socio fundador abrió la puerta y les indicó entrar.
Sebastián miró a Valentina. Ella asintió, segura. Entraron juntos, sabiendo que lo que venía era solo el principio de una pelea distinta. La competencia no había terminado, pero esta vez, iban a darla juntos.
—¿Listos para la tormenta? —susurró Sebastián, antes de cruzar el umbral.
Valentina sonrió.
—Siempre.
La puerta se cerró detrás de ellos. Afuera, la oficina esperaba respuestas. ¿Podrían Valentina y Sebastián mantener la alianza ahora que el verdadero desafío apenas empezaba?