Historia Abierta
Portada de Odio a Primera Firma
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Todas las edades

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Capítulo 19 · ~5 min

Victoria compartida

Valentina entró a la oficina apurada, con la sonrisa imposible de disimular. Sebastián ya estaba ahí, apoyado en la mesa de reuniones, moviendo la pierna como siempre que estaba inquieto. Apenas la vio, levantó la ceja y le hizo un gesto con la cabeza.

—¿Entonces, nos salvamos? —preguntó Sebastián, cruzando los brazos y lanzándole una mirada retadora.

—Nos salvamos y les dimos una lección —respondió Valentina, dejando el portafolio sobre la mesa. Se sentó y estiró los hombros, como si por fin pudiera relajarse.

Sebastián se acercó y le dio un golpe suave en el brazo.—Confiesa que pensaste que no llegábamos hasta aquí.

Valentina lo miró de reojo.—Tú eras el que decía que estábamos acabados, no yo.

—Ah, sí, claro. Tú siempre tan optimista —se burló él, pero esta vez su sonrisa era sincera.

La puerta se abrió de golpe y Camila asomó la cabeza.—¿Interrumpo la luna de miel o ya puedo felicitar?

Valentina rodó los ojos y sonrió.—Pasa, Cami. Ya puedes decir que te lo advertimos.

Camila entró y se dejó caer en la silla más cercana.—No tienen idea del chisme que hay por toda la firma. Laura y Camilo ni se atreven a mirar a nadie. Y ustedes... bueno, todos apuestan cuándo van a anunciar que son socios y pareja.

—¿En serio? —preguntó Sebastián, fingiendo sorpresa. Miró a Valentina con una mezcla de susto y gracia.—¿Así de obvios somos?

Valentina se encogió de hombros.—Después de todo lo que pasó, que hablen lo que quieran. Nos lo ganamos.

Sebastián se acercó a la ventana, miró la ciudad sin decir nada y volvió a ver a Valentina.—¿Qué sigue ahora? ¿Nos matamos otra vez por el puesto o nos aliamos y nos volvemos los amos del bufete?

Valentina se levantó, apoyó los codos en la mesa y sonrió.—Te advierto, si quieres competir, esta vez sí te gano.

Sebastián se rió.—Eso quiero ver. Pero primero, deberíamos celebrar. Hoy nos lo merecemos.

Camila sacó tres cafés de una bolsa.—Ya sabía que iban a decir eso, así que traje refuerzos. Y pan de chocolate, para que suban el ánimo después de tanto estrés.

Valentina tomó su café y le dio un sorbo largo.—Gracias, Cami. Esto sí es trabajo en equipo.

Sebastián levantó su vaso.—Por la alianza más improbable de la firma.

Valentina chocó el vaso con él.—Y por la victoria más dulce.

Camila los miró con una sonrisa cómplice.—¿Van a hacer pública la relación? Porque ya nadie les cree el cuento de que solo son compañeros.

Sebastián miró a Valentina, esperando su señal.—¿Tú qué opinas?

Valentina sostuvo su mirada, seria.—Que la verdad ya no me da miedo. Si vamos a pelear juntos, que el mundo lo sepa.

Sebastián sonrió y le tomó la mano sobre la mesa, sin soltarla.—Entonces que lo sepan todos.

En ese momento, entró el socio mayor, el señor Ramírez, con su andar firme y su ceño de pocos amigos. Los tres se pusieron de pie al instante.

—Felicitaciones —dijo Ramírez, directo.—El bufete está seguro gracias a ustedes. Y la reputación de todos queda limpia. Buen trabajo, los dos.

Valentina sintió el orgullo en el pecho. Sebastián asintió, serio. Ramírez se acercó un paso, miró a ambos y puso una mano pesada en el hombro de Sebastián un segundo, luego en el de Valentina. El gesto fue breve, pero se notó.

—Gracias, señor Ramírez —respondió Valentina.—Fue un trabajo en equipo. Y queremos seguir aportando juntos.

Ramírez los miró unos segundos.—Eso espero. Pero ahora la competencia es interna. Solo uno será socio, y la decisión será pronto. Prepárense.

Se fue tan rápido como llegó. Camila soltó el aire que tenía guardado y resopló.—Ese tipo da más miedo que el juez del caso. ¿Vieron cómo los miró?

Sebastián se sentó y se pasó la mano por el cabello.—Con ese discurso parece que va a sacar una espada y nos va a poner a pelear en la sala.

Valentina soltó una risa nerviosa.—Bueno, al menos ya no tenemos enemigos afuera. El problema ahora es aquí adentro.

Camila se inclinó hacia ellos.—¿Y de verdad están listos para competir otra vez? Después de lo de hoy, seguro todos apuestan por ustedes dos.

Sebastián la miró con complicidad.—Por mí, que gane el mejor. Pero si tú ganas —miró a Valentina—, me invitas a cenar.

—Y si tú ganas, te toca invitar tú —respondió Valentina, sonriendo. Le apretó la mano con fuerza.—Nada de trampas, Ortega.

—Nada de trampas —repitió Sebastián, mirándola fijo.

Camila los interrumpió.—¿Entonces sí están juntos? ¿De verdad oficial?

Valentina asintió.—Sí, Cami. Ahora sí, oficial. Ya no hay secretos.

Camila los abrazó a los dos.—¡Al fin! Ya era hora, ¿no?

Sebastián fingió molestia.—Uy, qué presión. Apenas estamos celebrando y ya nos quieren casar.

—Cállate, Ortega —dijo Valentina, divertida.—Hoy solo vamos a celebrar. Mañana veremos quién gana.

Camila levantó su café.—Por ustedes. Por el equipo más raro y más terco de este lugar.

—Por nosotros —dijo Sebastián, sonriendo a Valentina.

Los tres chocaron sus vasos. La risa llenó la sala, y por un momento, el pasado parecía lejos.

Valentina miró a Sebastián. Él le sonrió, con ese gesto que solo ella entendía. Camila los miraba sin disimular el orgullo.

—Oigan, ¿y si mañana Ramírez cambia de idea y pone otra prueba? —preguntó Camila, bajando la voz.

Sebastián soltó una carcajada.—Entonces la ganamos también. ¿O no, Valentina?

—Claro —respondió ella.—Ya sobrevivimos a todo, ¿no?

Pero en el fondo, Valentina sintió la duda. ¿Y si mañana todo cambiaba?

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