Historia Abierta
Portada de Odio a Primera Firma
  • 20 capítulos
  • 2.564 lecturas
  • Completada

Todas las edades

21

~5 min de lectura

Capítulo 10 · ~5 min

El primer beso

Valentina levantó la voz antes de que Sebastián pudiera terminar de leer el correo. —No, Sebastián, eso es una locura. No podemos prometerle eso al cliente. Si sale mal, nos cuelgan.

Sebastián dejó caer la hoja sobre la mesa y levantó una ceja. —¿Tienes otra idea? Porque a estas alturas, solo nos queda jugárnosla. Roldán quiere resultados ya.

—Sí, pero con cabeza —dijo Valentina, cruzándose de brazos. Se notaba cansada: llevaba el saco arrugado y el cabello recogido a toda prisa. Aun así, no bajaba la guardia. Nunca lo hacía con Sebastián cerca.

Él suspiró y se pasó la mano por el pelo. —Valentina, llevamos tres días sin dormir bien. Si no entregamos ese anexo hoy, perdemos la confianza de Roldán y adiós posible sociedad. No sé tú, pero yo no voy a dejar que eso pase.

Valentina lo miró, dudando. —O sea, ¿prefieres arriesgar todo por quedar bien hoy y cagarla la próxima semana?

—Prefiero arriesgarme contigo que perder solo —respondió Sebastián, más bajo. Había algo raro en su tono. Menos arrogante, más sincero.

El silencio se metió entre los dos. Afuera, la oficina estaba casi vacía. Solo se oía el zumbido de la impresora y el tic-tac del reloj.

—¡Listo el café! —gritó Camila desde la sala de descanso, salvando el momento. —¿Quieren?

—Tráenos dos, por fa —pidió Valentina, sin apartar la vista de Sebastián.

Camila apareció con las tazas. —¿No se matan todavía? Milagro. —Dejó los cafés y se fue riendo.

Valentina tomó el suyo y sopló. —Tenemos que decidir ya. Si firmamos ese anexo, vamos juntos. Si no, también. Pero no más excusas.

Sebastián agarró su taza y la miró. —¿Sabes qué me molesta? Que siempre tienes que tener la última palabra.

—¿Y a ti? —dijo Valentina, inclinándose hacia él. —Que no soportas perder, ni siquiera una discusión.

Sebastián sonrió de lado. —Tal vez por eso te aguanto. Porque tú tampoco te dejas.

Hubo un silencio tenso. Los dos seguían inclinados sobre la mesa, cerca. Valentina bajó la mirada un segundo, sintiendo que el aire se volvía espeso. Sebastián no retrocedió. Al contrario, se acercó más.

—¿Por qué me miras así? —preguntó Valentina, casi en susurro.

—No sé —dijo Sebastián, también bajito. —Tal vez porque por fin confío en ti.

Ella soltó una risa nerviosa. —No empieces con cursilerías, Ortega.

—No es cursilería —contestó él, serio. —Tienes algo en la cara.

Valentina frunció el ceño y fue a tocarse, pero Sebastián le agarró la mano. Fue rápido, como si no lo hubiera pensado mucho. Se quedaron así, los dos inmóviles, mirándose de cerca. Ninguno soltó primero.

—¿Qué haces? —dijo ella, la voz casi temblando.

—Nada —respondió Sebastián, pero no soltó. —Solo…

Y entonces, sin aviso, la besó. No fue un beso largo ni perfecto. Fue torpe, urgente, como si los dos hubieran estado evitando ese momento por demasiado tiempo. Valentina abrió los ojos, sorprendida, pero no se apartó. Le devolvió el beso, primero con dudas y luego con fuerza.

Cuando se separaron, los dos respiraban agitados. Valentina se tocó los labios, como si no creyera lo que acababa de pasar.

—¿Estás loco? —murmuró, sin mirarlo.

Sebastián se pasó la mano por la cara, nervioso y sonriente a la vez. —Tal vez. Pero tú también.

Valentina se levantó de golpe y caminó hacia la ventana. Estaba claro que necesitaba espacio. Sebastián fue tras ella, pero se detuvo a medio camino.

—Valentina, no podemos dejar que esto… —empezó él.

—No digas nada —lo interrumpió ella, con la voz baja. —Fue un impulso. No cambia nada.

Sebastián negó con la cabeza. —¿Tú crees? Porque yo no estoy tan seguro. Esto lo complica todo.

—Por eso —dijo Valentina, girando apenas. —Si alguien se entera, nos fregamos los dos. No solo el caso, sino la sociedad. Hay mucho en juego.

Sebastián metió las manos en los bolsillos y la miró en silencio. Por un momento, pareció que iba a decir algo más, pero se aguantó.

—¿Y ahora qué hacemos? —preguntó él, bajando la voz aún más.

Valentina lo miró por encima del hombro. —Trabajamos. Como siempre. No pasó nada.

—¿De verdad puedes hacer como si nada? —Sebastián no sonaba convencido.

Ella dudó. —No lo sé. Pero toca intentarlo. Si nos distraemos, perdemos.

Sebastián asintió, aunque no se veía conforme. —Solo una cosa más. —Hizo una pausa. —No me arrepiento.

Valentina lo miró directo, sin miedo. —Yo tampoco. Pero no lo repitas. No aquí.

Se quedaron un momento así, mirándose. Ninguno quería ser el primero en salir, pero tampoco podían quedarse mucho más. Afuera, Camila pasó de nuevo y asomó la cabeza.

—¿Ya terminaron de pelear? —preguntó, con una sonrisa de lado.

—Todavía no —respondió Sebastián, sin apartar la vista de Valentina.

Camila resopló y se fue. Valentina y Sebastián volvieron a la mesa, cada uno fingiendo que solo les importaba el contrato. Pero el ambiente había cambiado.

Mientras revisaban los papeles, Valentina sintió el roce de la mano de Sebastián sobre la suya. No la apartó, pero tampoco la buscó. El silencio volvió, incómodo pero distinto. Algo nuevo flotaba entre ellos, algo que ninguno sabía nombrar. El caso Roldán seguía sobre la mesa, pero ahora había otra pregunta que los quemaba por dentro: ¿cómo iban a trabajar juntos después de ese beso?

¿Qué te pareció este capítulo?

Toca una estrella. Es opcional y no detiene tu lectura.

0:00 / 6:18

Siguiente lectura