Historia Abierta
Portada de Odio a Primera Firma
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Todas las edades

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Capítulo 14 · ~5 min

Traición inesperada

Valentina entró a la sala de juntas con el ceño fruncido. Sebastián ya estaba sentado, revisando su teléfono como si buscara una salida. No la miró de inmediato. Había dos carpetas sobre la mesa, una con el logo de la firma y otra con el sello del juzgado.

—¿Ya leíste esto? —preguntó Valentina, señalando la carta del juzgado.

—Sí. —Sebastián dejó el teléfono y se frotó la frente, cansado—. No entiendo cómo llegó hasta aquí. Alguien nos quiere hundir.

Valentina cruzó los brazos. Hablaba rápido, como si quisiera terminar la conversación antes de empezar.

—¿De verdad no sabes quién fue? Porque esto huele a información interna. Y justo ahora, cuando nos van a evaluar para la sociedad.

Sebastián levantó la cabeza, dolido.

—¿Estás diciendo que fui yo? ¿Después de todo lo que hemos pasado?

Valentina bajó la mirada, pero no cedió.

—No sé qué pensar. Tu papá estuvo aquí ayer. Te vi hablando con él, y tú mismo dijiste que no ibas a dejar que nada se interpusiera en tu camino.

Sebastián negó con la cabeza, apretando la mandíbula.

—Mi papá quiere que haga lo que sea por la sociedad, sí. Pero yo no soy él, Valentina. Yo no haría esto.

Un silencio incómodo llenó la sala. El aire se sentía pesado, como si cada palabra pudiera romper algo invisible entre los dos.

—¿Y tú? —dijo Sebastián de repente—. ¿Qué tal si fuiste tú la que filtró todo? Eres la única que tenía acceso a la información confidencial del caso Roldán. Además, tu obsesión con ganar la sociedad es de todos conocida.

La respuesta de Valentina fue casi un grito.

—¡No me compares con tu papá! Yo nunca traicionaría la firma por un puesto. Pensé que tú tampoco, pero ahora ya no sé.

Sebastián se puso de pie, empujando la silla hacia atrás. Sus palabras salían entrecortadas, como si le costara respirar.

—Esto no tiene sentido. Nos están usando. Nos están enfrentando y caímos como idiotas.

—Quizá sí, pero no puedo confiar en ti —dijo Valentina, bajando la voz al darse cuenta de que alguien podía escuchar afuera.

Sebastián la miró a los ojos. Se notaba la rabia, pero también el dolor. Apretó el puño, pero no dijo nada más. Caminó hacia la ventana y se quedó mirando la ciudad, como si buscara respuestas en los edificios lejanos.

Valentina recogió la carpeta del juzgado. Sus manos temblaban.

—Mira esto —dijo, abriendo la hoja—. Aquí dice que la denuncia anónima tiene pruebas: correos, grabaciones, hasta copias de documentos confidenciales. Alguien estuvo espiando desde hace semanas.

Sebastián se acercó y leyó en silencio. Su cara pasó de la sorpresa al enojo.

—¿Copias de mis correos? Eso sólo lo podía hacer alguien de dentro. ¿Y si fue Laura? O Camilo, que siempre anda metido en todo.

Valentina negó con la cabeza.

—No, Laura es torpe pero no malintencionada. Camilo… podría, pero no tiene acceso a todo esto. Además, el correo anónimo llegó a tu bandeja privada. Eso sólo lo sabe alguien muy cercano a ti.

—¿Insinúas que lo hice yo otra vez? —Sebastián la interrumpió. Su voz era baja, pero cada palabra dolía—. No te reconozco, Valentina.

Ella guardó silencio un momento. Miró la puerta, insegura. Luego se giró y le habló con frialdad.

—No confío en nadie ahora. Ni en ti, ni en mí. Esto nos va a destruir, Sebastián. Mejor que cada quien se defienda solo.

Sebastián apretó los labios. Miró a Valentina como si quisiera decir algo más, pero no lo hizo. Cogió su carpeta y salió sin mirar atrás.

Valentina se quedó sola en la sala. Escuchó las voces apagadas de los demás abogados al fondo del pasillo. Respiró hondo y trató de calmarse, pero sus manos seguían temblando. Sabía que esto era el principio del fin, pero no podía evitar preguntarse quién había jugado sucio en realidad.

Unos minutos después, Camila entró de golpe, con el celular en la mano.

—¿Qué pasó? Vi salir a Sebastián hecho una furia. ¿Ahora sí se acabó la dupla ganadora?

Valentina fingió una sonrisa que no le salió bien.

—No lo sé, Cami. Pero alguien quiere vernos caer. Y parece que lo está logrando.

Camila miró la carpeta en la mesa.

—¿Crees que fue él?

Valentina dudó antes de responder.

—No sé qué creer. Todo apunta a que alguien de adentro nos traicionó. Y yo ya no confío en nadie.

Camila se sentó a su lado. Habló en voz baja, como si temiera que alguien las escuchara.

—¿Qué vas a hacer?

Valentina miró la carpeta, luego a la puerta. Sentía frío, como si en ese instante se hubiera quedado sola en el mundo.

—No lo sé. Pero no voy a dejar que me hundan tan fácil. Aunque tenga que pelear sola.

Camila asintió, pero su cara mostraba preocupación.

—Ten cuidado. Aquí nadie es lo que parece.

Valentina guardó la carta en su bolso. Se levantó, respiró hondo y salió de la sala. No miró atrás. Afuera, el pasillo parecía más largo que nunca. Cada paso la alejaba más de Sebastián y la acercaba a la duda.

Al llegar a su oficina, su celular vibró. Era un mensaje anónimo: "Sabemos lo que hiciste. Prepárate para perderlo todo".

Valentina leyó la pantalla. Sintió un nudo en el estómago. Ahora sí no había marcha atrás. ¿Quién estaba dispuesto a todo para destruirla?

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