Historia Abierta
Portada de Odio a Primera Firma
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Todas las edades

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Capítulo 16 · ~5 min

Verdades reveladas

El rumor de pasos en el pasillo sacó a Valentina de su concentración. Cerró la carpeta con fuerza y se levantó, lista para enfrentar a quien fuera. Sebastián apareció en la puerta, con el saco desabrochado y cara de no haber dormido.

—¿Vienes a espiar o solo a molestar? —dijo Valentina, sin mirarlo directo.

Sebastián levantó las manos, cansado.—No vengo a pelear. Solo quiero hablar. Es urgente.

Valentina dudó, pero abrió la puerta. Sebastián entró y cerró tras de sí.—Tengo algo que mostrarte —sacó unos papeles doblados—. Encontré esto en la impresora del área común. No son míos, ni tuyos.

Valentina agarró el primer papel. Era una conversación impresa de correo electrónico. Al leer los nombres, frunció el ceño.—¿Laura y Camilo?

—Sí. Mira la fecha. Fue justo antes de la denuncia anónima —Sebastián señaló un párrafo—. Aquí hablan de "la jugada final" para quedarse con el caso y sacar a los dos de en medio.

Valentina sintió un nudo en la garganta. Se apoyó en el escritorio.—¿Esto es real? ¿No lo fabricaste tú?

Sebastián la miró serio.—Ojalá fuera invento mío. Pero Laura dejó su sesión abierta en la impresora. Hay más.

Sacó un sobre manila. Dentro, copias de mensajes anónimos y fotos de pantallas. En una se veía claro el remitente: [email protected]

—No puede ser… Camilo fue el que me mandó el mensaje amenazante —Valentina apretó el papel—. Y yo pensando que era tu papá o tú.

—Camila también estaba metida, pero no tan directo. Solo ayudó a distraernos —Sebastián señaló el chat impreso—. Mira cómo le pide a Laura que me invite a almorzar, justo cuando tú tenías la reunión con Roldán.

Valentina resopló.—Nos usaron como títeres. Todo por ese maldito puesto.

Sebastián se sentó frente a ella.—Tengo otra cosa. Revisé las cámaras del pasillo. Hay un video donde Camilo y Laura entran juntos a la oficina del jefe, la noche antes de que saliera la denuncia.

Valentina parpadeó.—¿Y el jefe?

—No estaba. El guardia los vio y pensó que eran tú y yo —Sebastián se pasó la mano por el cabello—. Nos culparon a nosotros. Fue perfecto para ellos.

Por un momento, Valentina se quedó callada, mirando el suelo. Luego levantó la cabeza.—¿Por qué me lo cuentas?

Sebastián respiró hondo.—Porque si no lo resolvemos juntos, los dos estamos fuera. Ellos tienen pruebas falsas. Nos van a hundir si no hacemos algo ya.

Valentina no respondió de inmediato. Miró los papeles. Su voz salió baja.—¿Confías en mí otra vez?

—No sé —Sebastián bajó los hombros—. Pero prefiero arriesgarme contigo que perderlo todo por separado. Tú piensas rápido. Yo consigo pruebas.

Valentina sonrió apenas.—Siempre tan seguro de ti mismo.

Sebastián sonrió, cansado.—No tanto como crees.

Ella se acercó. Le devolvió los papeles.—¿Qué propones?

—Vamos a confrontarlos. Pero no de frente. Necesitamos que confiesen. Hay que grabarlos —Sebastián sacó su celular—. Hoy a las seis, Laura y Camilo tienen una cita en el café del primer piso. Podemos sentarnos cerca, grabar todo desde la mesa de al lado.

Valentina asintió.—Si esto sale mal, nos botan sin derecho a nada.

—Ya estamos con un pie afuera —Sebastián encogió los hombros—. Prefiero caer peleando.

El silencio se instaló un momento. Valentina lo rompió.—¿Y si Laura o Camilo nos ven?

—No nos van a notar si entramos separados. Yo me siento primero. Tú llegas después y te haces la distraída. Pido el café, tú finges una llamada. Cuando ellos empiecen a hablar, yo activo la grabación.

Valentina lo miró fijamente.—No me falles, Sebastián. Esta vez no.

—Tampoco te falles tú —respondió él, serio.

El reloj marcaba las cinco y media cuando salieron cada uno por su lado. Valentina bajó por las escaleras, evitando el ascensor. Sebastián cruzó rápido el pasillo, saludando al guardia como si nada. Afuera, la tarde seguía igual de ruidosa.

En la cafetería, Sebastián eligió una mesa cerca del ventanal. Sacó su celular y lo puso sobre los periódicos gratis. Pidió café doble. Al rato, Valentina entró, con el pelo suelto y el ceño fruncido. No lo miró. Se sentó dos mesas más allá, sacó su libreta y fingió escribir.

Laura llegó primero, con su bolso grande y el uniforme impecable. Camilo apareció justo después, revisando el celular. Se sentaron juntos, riéndose bajito. Sebastián inclinó el celular apenas, apuntando hacia ellos.

—¿Listo para la bomba? —preguntó Laura en voz baja, pero Sebastián alcanzó a oír.

—Cuando el jefe firme el acuerdo, se acabó la competencia —respondió Camilo, mirando nervioso a su alrededor.

—¿Y si Valentina o Sebastián sospechan? —Laura mordió el popote de su jugo.

—No tienen pruebas. Los hicimos quedar como traidores. Nadie les cree —Camilo sonrió de lado—. Además, tu correo fue perfecto. Nadie va a pensar que tú y yo…

—Calla, que aquí todo se sabe —Laura bajó la voz, pero se notaba confiada.

Sebastián apretó el celular. Valentina se acomodó el cabello, mirando de reojo. El ambiente se volvió tenso cuando Laura sacó un sobre amarillo.

—Aquí están las copias. Si pasa algo raro, las mando a recursos humanos —dijo Laura.

Camilo asintió.—No va a pasar nada. Mañana, cuando el jefe anuncie el nuevo socio, será uno de nosotros.

Valentina miró a Sebastián. Él le hizo una seña mínima. Ya tenían lo que necesitaban. La pregunta era: ¿podrían usarlo sin quemarse ellos también?

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