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Viuda Antes del Sí

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Sinopsis

Un romance con suspenso que empieza en un altar y sigue en una sala de interrogatorios. Natalia Serrano, regente de farmacia, está a punto de decir «sí» cuando su novio, Hernán, toma un vaso de agua y cae frente al altar. En el pasillo de la clínica, Joaquín Duque, el hermano que llegó de Bogotá, la acusa a gritos. Esa noche, la policía abre el bolso de Natalia. Adentro hay pastillas para el corazón con la etiqueta de su droguería. Ella jura que nunca las había visto. Él jura que la verá presa. Para salvarse, tiene que investigar con su peor enemigo, y cada día le cuesta más verlo así.
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~6 min de lectura

Capítulo 1 · ~6 min

Antes del sí

Natalia tenía el «sí» listo en la boca cuando Hernán tomó un sorbo de agua y cayó de rodillas frente al altar.

El vaso se rompió contra el piso de piedra. Ciento veinte invitados se pusieron de pie al mismo tiempo. El padre dejó caer el libro.

—¡Hernán! —Natalia se arrodilló y le sostuvo la cabeza con las dos manos—. Mírame. Hernán, mírame a mí.

Él la miraba, pero los ojos se le iban hacia arriba. Tenía la cara gris y la frente fría y mojada. Natalia le buscó el pulso en el cuello, igual que hacía en la droguería con los señores que se mareaban en la fila. Contó quince segundos. Ocho latidos.

—¡Llamen una ambulancia! —gritó—. Tiene el pulso muy lento. ¿Alguien le dio algo?

—¿Y tú cómo sabes lo que tiene?

La voz salió de entre los padrinos. Un hombre alto, de traje negro y sin corbata, se abrió paso hasta el altar. Natalia lo había visto una sola vez, en la cena de compromiso: Joaquín Duque, el hermano de Bogotá. Tenía la misma barbilla partida de Hernán y una cicatriz delgada que le cortaba la ceja izquierda.

Joaquín se arrodilló al otro lado y le abrió el cuello de la camisa a su hermano.

—Soy regente de farmacia —dijo Natalia—. Sé tomar un pulso. Échate para atrás, que le quitas el aire.

—La que se echa para atrás eres tú.

—No lo voy a soltar. Llama a la ambulancia o quítate del medio.

Joaquín no se movió. Detrás de él, Rubén Castillo, el padrino, ya hablaba por celular y gritaba la dirección de la hacienda. Doña Amparo seguía de pie en la primera fila. Tenía una mano sobre el broche en forma de grano de café que llevaba en el hombro izquierdo.

Hernán le apretó los dedos a Natalia una vez, débil. Ella pensó en el mensaje de la noche anterior, el de las 11:40: «Mañana te cuento algo que no te va a gustar. Perdóname». Ya no iba a poder contarle nada.

—Aguanta —le dijo ella—. Ya vienen. Aguanta un poco más.

La ambulancia tardó catorce minutos. Natalia los contó todos en el reloj de la capilla.

***

Los paramédicos subieron a Hernán a la camilla a las 4:38. Natalia corrió detrás de ellos y puso un pie en el escalón de la ambulancia.

Una mano la agarró del brazo y la bajó.

—Tú no te subes —dijo Joaquín.

—Es mi esposo.

—Todavía no. No alcanzaste a decir que sí.

Las puertas se cerraron con Joaquín adentro y la ambulancia arrancó hacia Rionegro.

Natalia se quedó quieta en medio del parqueadero. Viviana, su mejor amiga y dama de honor, llegó corriendo por detrás. Traía el vestido rosado recogido en una mano y el bolso beige de la novia colgado del hombro.

—Vamos en mi carro —dijo Viviana—. Yo manejo. Tú no estás para manejar.

—Me quitó de la ambulancia, Vivi. Delante de todo el mundo.

—Después peleas con él. Ahora sube.

En la carretera, Viviana manejó con las dos manos pegadas al timón y los lentes rojos resbalándole por la nariz. Natalia se arrancó el velo y lo tiró al asiento de atrás.

—Fue el agua —dijo Natalia—. Tomó un sorbo y se cayó. Nadie se cae así por los nervios.

—No pienses en eso ahora.

—Tenía el pulso en cuarenta, Vivi. Eso no es un desmayo. Alguien le dio algo.

—Nata, por favor. Me estás asustando.

Llegaron a la clínica a las 5:05. Natalia entró por urgencias con el vestido de novia. Una enfermera le señaló un pasillo con puertas grises.

Doña Amparo ya estaba sentada en una silla de plástico. Joaquín estaba de pie contra la pared, con los brazos sueltos y la camisa abierta. Rubén firmaba papeles en la recepción.

A las 5:10, un médico joven salió por la puerta del fondo y se quitó el gorro verde.

—¿Familiares de Hernán Duque?

—Yo —dijeron Natalia y Joaquín al mismo tiempo.

—Llegó sin pulso —dijo el médico—. Hicimos todo lo posible. Lo siento mucho.

Doña Amparo soltó un grito y se dobló hacia adelante en la silla. Rubén corrió a sostenerla. Natalia se quedó mirando la puerta gris por donde había salido el médico, esperando que Hernán saliera detrás, caminando.

No salió nadie.

Joaquín se apartó de la pared. Tenía los ojos rojos y la voz muy tranquila, y eso fue peor que un grito.

—Doctor, ella supo lo que tenía mi hermano antes que usted. —Señaló a Natalia con la barbilla—. Trabaja con pastillas todo el día.

—Joaquín, por favor —dijo Viviana—. Ella estaba en el altar, con ciento veinte personas mirándola.

—Ella lo mató —dijo Joaquín, ahora más alto, para que lo oyera todo el pasillo—. Y yo lo voy a probar.

Natalia caminó hasta quedar a un paso de él. Él le sacaba una cabeza.

—Tu hermano acaba de morir ahí adentro —dijo ella—. Y tú estás aquí afuera, gritándome a mí. Él se merecía otra cosa.

—Guárdate el discurso —dijo él—. Lo vas a necesitar.

Cerró la mano sobre el celular hasta que se le pusieron blancos los nudillos.

***

A las seis en punto llegaron dos policías. El médico los había llamado: un hombre sano de treinta años, muerto en su boda, era caso para la Fiscalía.

Joaquín habló antes de que le preguntaran.

—Revisen las cosas de ella. El bolso, el celular, todo.

—¿Usted es la novia? —le preguntó el policía a Natalia.

—Sí. Natalia Serrano. Y no tengo nada que esconder —dijo ella, y se volvió hacia Viviana—. Dale el bolso, Vivi.

Viviana se lo pasó al policía sin mirar a nadie.

—Ese bolso lo tuve yo toda la tarde —dijo Viviana—. Ella ni lo tocó.

—Igual lo tengo que revisar, señorita.

El hombre abrió la cremallera sobre una silla. Fue sacando las cosas una por una: el celular, un labial rojo, la cédula, un paquete de pañuelos. Después metió la mano hasta el fondo y la sacó con una cajita blanca.

La giró para leer la etiqueta.

—Digoxina —leyó—. Pastillas para el corazón.

Abajo, en letras azules, la etiqueta decía: Droguería La Esperanza, Laureles.

Era la droguería de Natalia.

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Sobre esta novela

+13. Pensada para adolescentes: puede incluir peligro, pero no violencia gráfica ni escenas sexuales.

Por Equipo Historia Abierta

  • Completada
  • 20 capítulos
  • Publicada el
  • Actualizada el

Personajes principales

  • Natalia Serrano · Protagonista
  • Joaquín Duque · Protagonista
  • Hernán Duque · Secundario
  • Amparo Arbeláez · Secundario
  • Viviana Restrepo · Secundario
  • Teresa Cifuentes · Secundario
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  1. 1 Antes del sí
  2. 2 La caja del bolso
  3. 3 El seguro
  4. 4 El trato
  5. 5 La póliza
  6. 6 El video cortado
  7. 7 La foto escondida
  8. 8 Vuelta a la capilla
  9. 9 El segundo nombre
  10. 10 La oficina de noche
Ver los 20 capítulos
  1. 11 Fuera de casa Premium
  2. 12 La chaqueta Premium
  3. 13 La dama de honor Premium
  4. 14 La declaración Premium
  5. 15 El portátil Premium
  6. 16 Contigo o sin ti Premium
  7. 17 La trampa Premium
  8. 18 El coro Premium
  9. 19 La audiencia Premium
  10. 20 Ni viuda ni culpable Premium