Historia Abierta
Portada de El Esposo que No Recuerdo

El Esposo que No Recuerdo

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Sinopsis

Misterio, amor y una carretera de montaña en Manizales. Verónica Salas despierta en una clínica sin saber quién es. Solo le dicen que es fotógrafa y que se salió de la vía en una noche de lluvia. Cristóbal Correa, rescatista de montaña, dice que es su esposo y quiere sacarla de ahí antes de medianoche. Ella no lo recuerda. Afuera, un policía pregunta por ella en la recepción. En su chaqueta hay una tarjeta de memoria y una nota escrita con su propia letra: «No confíes en Cristóbal». Él sí le miente. Pero no en lo que ella cree.
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Capítulo 1 · ~5 min

Un esposo desconocido

—Tiene diez minutos para vestirse, Verónica. Después de eso no puedo cuidarla.

El hombre dejó una bolsa plástica sobre la cama del cuarto 412. Era alto, de barba corta, con una chaqueta verde oliva y unas rayas naranjas que brillaban con la luz del techo. Verónica no lo había visto nunca. O no se acordaba, que para ella era lo mismo.

—No sé quién es usted —dijo—. Y no me voy a ir con alguien que no conozco.

—Cristóbal Correa. Soy su esposo.

—A ver, pruébemelo.

Él sacó una billetera de cuero gastado y le mostró una cédula con la cara de ella y el nombre Verónica Salas. Detrás había una foto pequeña de los dos en una montaña con nieve. En la foto ella se reía con la boca abierta.

—Cualquiera consigue una foto —dijo ella—. Y mi cédula la pudo sacar de mi cartera.

—Su cartera se perdió en la cuneta. Abajo, en la recepción, hay un capitán de la policía preguntando por usted. No viene a cuidarla.

—Si la policía me busca, me quedo. Yo no tengo nada que esconder. Ni siquiera un apellido que me suene.

—Ese capitán no viene por usted. Viene por lo que usted tiene, aunque no lo sepa.

Le dolía la sien izquierda, debajo de la gasa y de los seis puntos. La enfermera le había contado que despertó ayer a las nueve de la noche.

Su carro se había salido de la vía en una curva, con lluvia. Eso era todo lo que tenía: un nombre, un oficio de fotógrafa y una curva mojada.

—Le traje su ropa —dijo él—. La que tenía puesta esa noche, ya lavada. Le quedan nueve minutos para ponérsela.

Cristóbal sacó del bolsillo un cordón rojo delgado. Le hizo un nudo sin mirarlo y lo deshizo. Entonces alguien empujó la puerta. Era Fabiola, la enfermera del turno de noche, con el tensiómetro colgado del cuello.

—Señor, la visita terminó a las ocho —dijo Fabiola—. Usted no puede estar aquí.

—Ya me voy. Ella se va conmigo. Yo firmo el retiro voluntario.

—El doctor no le ha dado salida. Tiene un golpe en la cabeza y no sabe ni qué día es.

—Hoy es sábado —dijo Verónica—. Usted me lo hizo escribir en la mañana para ver si me temblaba la mano.

Fabiola le puso el brazalete y lo infló. Mientras miraba el reloj, se agachó hacia la cama.

—Abajo hay un capitán que pide subir —le dijo a ella—. Dice que es por el accidente. Y le pidió al vigilante que nadie la saque por la puerta principal.

—¿Por qué haría eso? Yo no he hecho nada.

—No sé, mi amor. Yo solo tomo la tensión. Y la suya está alta.

Fabiola anotó el número en la hoja y salió sin cerrar la puerta.

***

Al fondo del pasillo, un balcón interior daba al hall de la entrada, cuatro pisos más abajo. Verónica caminó hasta allí agarrada de la baranda, en bata y con medias de hospital. Cristóbal la siguió a dos pasos.

Frente a la recepción había un hombre de uniforme verde y chaqueta de cuero negra. Estaba de espaldas. Le mostraba al vigilante algo en el celular, y el vigilante señalaba los ascensores. Luego el hombre se volvió hacia la calle e hizo una seña. Un patrullero se paró en la puerta, con los pulgares en el cinturón.

—¿Es ese? —preguntó ella.

—Es ese. El capitán Buitrago. Sale en la televisión cada vez que muestran un decomiso.

—Si me voy con usted, no es porque le crea. Que le quede claro desde ya.

—Me sirve igual. Le quedan siete minutos.

Volvieron al cuarto y él se volteó hacia la ventana. Verónica se vistió con lo que había en la bolsa: jean negro, camiseta blanca, botines cafés con barro seco y una chaqueta negra de jean. En el dedo anular tenía una franja de piel más clara, del ancho de un anillo.

—Lista —dijo, y se guardó en el jean la hoja donde Fabiola la había hecho escribir: «Hoy es sábado y estoy en Manizales».

—Por la escalera de servicio. Yo he bajado por ahí a más de un montañista en camilla.

—¿Y si el capitán sube ahora, mientras bajamos?

—Por eso vamos ya. Tranquila, paso a paso.

Bajaron cuatro pisos por una escalera de cemento que olía a cloro. Él iba adelante y se detenía en cada descanso para escuchar. Ella contaba los escalones para no marearse. En el primer piso, una puerta de metal daba a una rampa de carga y, más allá, al parqueadero de atrás.

La lluvia era tan fina que no se veía, solo se sentía en la cara. Cristóbal caminó rápido hasta una camioneta gris, vieja, con barro hasta las puertas. Le pidió que esperara mientras quitaba unas cosas del asiento.

Verónica metió las manos en la chaqueta para calentarlas. En el bolsillo de adentro, contra el pecho, tocó algo duro y cuadrado. Lo sacó.

Era una tarjeta de memoria negra, de las que usan las cámaras, con una V escrita en marcador plateado. Pegado a ella venía un recibo doblado de la Estación La Florida. Tenía fecha del 1 de octubre, a las 10:41 de la noche.

Detrás del recibo había algo escrito a mano. Verónica lo acercó a la luz amarilla del poste y puso al lado la hoja de Fabiola. Las mismas y griegas, largas y torcidas hacia la izquierda. El mismo punto grueso al final.

«Yury: si me pasa algo, esto va para la Fiscalía. No confíes en Cristóbal. V.»

La letra era la suya. Y Cristóbal le estaba abriendo la puerta de la camioneta.

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Sobre esta novela

+13. Pensada para adolescentes: puede incluir peligro, pero no violencia gráfica ni escenas sexuales.

Por Equipo Historia Abierta

  • Completada
  • 20 capítulos
  • Publicada el
  • Actualizada el

Personajes principales

  • Verónica Salas · Protagonista
  • Cristóbal Correa · Protagonista
  • Duván Correa · Secundario
  • Yurany Cortés · Secundario
  • Gilma Salas · Secundario
  • Efraín Gallego · Secundario

Capítulos

  1. 1 Un esposo desconocido
  2. 2 Camino al páramo
  3. 3 Leche de madrugada
  4. 4 Puerta azul
  5. 5 Tarjeta escondida
  6. 6 Flash a oscuras
  7. 7 El celular cargando
  8. 8 Cable aéreo
  9. 9 Mi hermano menor
  10. 10 Cambio de fecha
Ver los 20 capítulos
  1. 11 Váyase ya, Vero
  2. 12 Café a medianoche
  3. 13 Duván sube solo
  4. 14 Orden de captura
  5. 15 Fotos de la boda
  6. 16 El teléfono de Gilma
  7. 17 La nevera grande
  8. 18 Desde adentro
  9. 19 Portón cerrado
  10. 20 Ahora sí lo recuerdo